La prueba piloto para recuperar el acuífero de Sant Lluís mediante la infiltración de agua regenerada y osmotizada ha dado resultados positivos, pero no tendrá continuidad, al menos en esta zona de la Isla. De hecho, la infraestructura utilizada durante el proyecto sigue en el recinto, pero no se le da ningún uso, a la espera de identificar puntos más adecuados donde llevar a cabo futuras infiltraciones y definir el posible destino final de la instalación.
El proyecto tuvo un coste de 543.797 euros provenientes del fondo del Impuesto de Turismo Sostenible (ITS), y se inició en 2022 con las tareas de perforación de los pozos para infiltrar el agua regenerada a través de un sistema terciario de la depuradora de Sant Lluís. El proyecto debía servir como banco de pruebas para la futura restauración de los acuíferos sobreexplotados de Balears. En marzo de 2023, el entonces conseller de Medio Ambiente y Territorio, Miquel Mir, ya avanzó que tras los primeros meses de infiltración, se registró un descenso del 5 por ciento de la salinidad, un ritmo más rápido que con la recarga natural.
Ahora, los resultados finales de la prueba han confirmado técnicamente la viabilidad del proceso, pero según fuentes de la Conselleria del Mar y del Ciclo del Agua estos resultados no justifican la continuidad del proyecto en las condiciones actuales, debido a diversas circunstancias técnicas, como la limitación de caudales propia de una planta piloto, la interferencia con otros usos del agua regenerada en la zona —especialmente la reutilización agraria—, y el elevado coste económico de la instalación.
Informe final
Según el informe final, gracias a la infiltración se observó una mejora inmediata en la composición del acuífero por el simple efecto de la mezcla, consiguiendo reducir la salinidad del agua, principal problema del acuífero en esta zona. También se observó el descenso de otros contaminantes.
Asimismo, la prueba puso en evidencia una de las principales anomalías de la planta depuradora de Sant Lluís, como es la falta de un emisario para evacuar las aguas residuales al mar, un proyecto que lleva 15 años en tramitación. De hecho, se trata de la única planta en funcionamiento de Menorca que carece de esta infraestructura.
Esta circunstancia, unida al hecho de que la planta de Sant Lluís no tiene la capacidad suficiente para tratar toda el agua mediante un sistema terciario, provoca que una gran cantidad del agua que ha recibido solo un tratamiento secundario se acabe infiltrando de nuevo en el acuífero a través del suelo.
De hecho, en el informe se remarca que la cantidad de agua procedente del excedente del tratamiento secundario que se filtra en el subsuelo es mayor que el volumen que se infiltró mediante la prueba piloto, lo que ha condicionado los resultados finales. Sin la infiltración de esta agua, se remarca, se habría logrado una calidad del agua prepotable en términos de salinidad.
Un 5% es apenas nada... Y además... Solo disimula la salinidad... De los nitratos y otros productos químicos, que inevitablemente se infiltran empeorando la calidad por otro lado, ni se habla.