La fachada marítima de los municipios de Maó y Es Castell cada cierto tiempo lanza avisos sobre la necesidad urgente de llevar a cabo un mantenimiento integral de los acantilados. A lo largo de los años ha habido numerosos desprendimientos, pero el último en Cala Sant Esteve marca un antes y un después, porque deja una víctima mortal.
Solo en los dos últimos años se han registrado cinco incidentes de relevancia, en febrero de 2024 tuvo que cerrarse la Costa d’en Reynés de Maó y en noviembre de ese mismo año dos rocas de grandes dimensiones cayeron sobre un establecimiento, el Café Baixamar, en el muelle de poniente. El año pasado se produjeron dos desprendimientos graves, de rocas de gran tamaño, uno en el Fonduco, justo pasando Cala Figuera, y otro, el pasado diciembre, el derrumbe de un tramo de la Costa des Muret, que dañó las instalaciones de la destilería Xoriguer.
A estos se suma el aviso que ha dado en Cala Corb, donde está a punto de estrenarse la pasarela sobre el mar que llega hasta Moll d’en Pons, donde ha habido movimiento de piedras y tierra del acantilado y este debe ser reforzado antes de abrir el paseo.
Informe de todo el acantilado
«Habría que elaborar un informe integral de todo el acantilado, es complicado, hay dificultades para topografiar porque no es como una fachada vertical, pero cada año está peor», asegura Benjamí Carreras Font, quien fue conseller de Urbanismo y diputado socialista (1983-1991) y durante 45 años de trayectoria profesional, técnico en la Autoridad Portuaria de Balears (APB).
Conocedor de la materia y preguntado sobre el papel del Consorcio del Acantilado, del que forman parte el Ayuntamiento de Maó, el Govern, la APB y el Consell insular, afirma que «el Ayuntamiento de Es Castell posiblemente debería también incorporarse» a esta entidad.
Carreras se refiere a «los acantilados», porque incluye Maó, con sus alrededor de 2.700 metros lineales de pared escarpada en la orilla sur, desde Sa Colàrsega hasta Cala Figuera «casi todos en zonas urbanas edificadas, con algunos tramos protegidos», y otros 2.600 metros en Es Castell, desde Cala Figuera hasta Calesfonts, de los cuales la mayoría están en suelo urbano y 650 en rústico.
Si bien hay zonas que presentan menos peligro, como Calesfonts, o donde las casas están retranqueadas como en Sol del Este, lo cierto es que el riesgo del acantilado, como se vio ayer, llega hasta Sant Esteve. Pero la jurisdicción portuaria llega hasta el faro de la punta de San Carlos, y en la Cala Sant Esteve la competencia corresponde a Costas, lo que añade más complejidad a una posible ampliación del Consorcio.
Benjamí Carreras, colaborador de «Es Diari», titula uno de sus artículos que será publicado en los próximos días, «Penya-segats de sucre», un análisis tristemente premonitorio de la desgracia sucedida ayer en Es Castell. En su reflexión alerta de los numerosos incidentes registrados en el acantilado del puerto, hasta ayer sin víctimas. «En 45 años de trabajo en el puerto he visto muchos desprendimientos y me temo que puede haber más, hay auténticas cuevas» en la fachada marítima, debido a las lluvias y a la erosión que causa la tramontana, explica.
Y nadie se para a pensar en los TECNICOS y por ende las autoridades municipales que dieron el visto bueno y permisos de obra a estas edificaciones en zonas de ALTO RIESGO ???? O es que no pensaron que esto podria suceder ????