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Arte e iluminación menorquina en el festival Lluèrnia

Las menorquinas Mar Triay y Lorena Arquimbau presentan ‘Envelat en flames’ en la muestra de Olot

Mar Triay (izquierda) y Lorena Arquimbau, las autoras del proyecto artístico

| Menorca |

Tan solo hace unos meses que Mar Triay (Ciutadella, 2004) y Lorena Arquimbau (Maó, 2024) terminaron sus estudios en la Escola Municipal d’Art i Disseny de Terrasa, pero ambas han disfrutado ya de su primera gran oportunidad para mostrar su espíritu creativo. Ha sido gracias a la participación el pasado fin de semana en el Festival Lluèrnia, un evento que desde 2011 se celebra en Olot, en la comarca de la Garrotxa, y que con el paso del tiempo se ha convertido en una cita destacada de arte, luz y fuego en el calendario cultural de Catalunya.

Las dos menorquinas han compartido etapa educativa, en el campo de la proyección y dirección de obras de decoración y arquitectura efímera, y también su primer gran proyecto, que han bautizado como «Envelat en Flames». El festival, que se hace coincidir con la festividad de Sant Martí, hace brillar la luz y el fuego, una celebración que conecta con la identidad volcánica de la comarca de la Garrotxa. La muestra se caracteriza por la creación de instalaciones efímeras de luz y arquitectura que transforman espacios públicos de la ciudad e invita a los visitantes a una experiencia inmersiva.

El proyecto de Triay y Arquimbau fue escogido para instalarse en el antiguo hospicio de la ciudad, actualmente sede del Museo de la Garrotxa. Un edificio construido en el siglo XVII, de estilo neoclásico, en cuyo claustro se puede ver todavía la instalación artística y lumínica, ya que se ha solicitado a las creadoras que permanezca durante las fiestas navideñas.

En «Envelat en flames», explican, residen dos propuestas diferentes. Por una parte el envelat (carpa), como espacio de arquitectura monumental efímera «de celebración comunitaria» que remite a las fiestas mayores; y por otra, el fuego como evocación en la que «la luz adopta un valor poético y cae sobre el vacío que ocupa el claustro llenando el espacio».

Triay define la experiencia vivida a través del festival como «muy emocionante... Algo que comenzó siendo un trabajo de clase, que en teoría no tenía que hacerse realidad, pero que ha acabado cobrando vida». Una manera de reivindicar la luz como componente artístico, tal y como apunta su compañera Arquimbau: «Es un elemento natural con el que el trabaja la arquitectura efímera», además de un lenguaje universal que comunica y provoca emociones, defienden.

La instalación lumínica creada por las dos menorquinas se alojará hasta principios de enero en el claustro del antiguo hospicio de la ciudad, actualmente sede del Museo de la Garrotxa. | Fotos: Lorena Arquimbau

De ello se encarga una estructura de la que forman parte treinta mallas (180 metros lineales) con 300 puntos de luz LED en cada una de ellas. Instalaciones, explican las creadoras, que se encargan de recordar el elemento del fuego jugando con diferentes intensidades

Y todo ello, continúan, con el objetivo de entender el diseño como una experiencia creativa que va más allá de lo meramente funcional, y de paso valorar y preservar el patrimonio cultural a través de la creación artística.

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