Laura Viñuela (Gijón, 1976) disertó la noche de este miércoles en el Claustre, en Maó, en el marco del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia Contra la Mujer, sobre la violencia contra el género femenino en el mundo de la música popular. Licenciada en Musicología por la Universidad de Oviedo y doctorada en Estudios de la Mujer, esta feminista, en la que ha sido su primera visita a la Isla, nos atiende en exclusiva en las horas previas a su ponencia.
El machismo en la música. ¿Es un fenómeno reciente o ancestral?
—Es un fenómeno que viene de lejos, como ocurre con todas las disciplinas artísticas y no artísticas. El machismo se debe a que vivimos en un patriarcado y la música es un discurso que está en el mundo tanto como otros. No se diferencia del cine, de la literatura, de las ciencias...
¿Este fenómeno ha ido a más o a menos en los últimos tiempos?
—En música se empezó a aplicar esta perspectiva feminista más tarde que en otras disciplinas, ya en los 90, es algo muy reciente, en otros campos se empezó antes con esa labor. En España ha sido en los últimos años cuando esto explota, casi el momento clave fue en 2016 con el ‘caso de la manada’, un momento muy duro para todo el país. Empezaron las críticas, sobre todo centradas en el reggaeton. Pero como fenómeno, el machismo y la música, todo lo atrás que te vayas en el tiempo, algo vas a encontrar. No se libran ni los Beatles.
¿Se da en algún estilo más que en otros o lo presume una cuestión generalizada?
—Se da de forma diferente, pero es generalizado. El discurso desde el punto de vista del género es muy similar en todas partes, está en todos los estilos. También depende de que entendamos la letra o no. La música inglesa tiene muchas cosas que discutir, pero como a veces no se entiende... alerta más cuando es más explícito o se asocia a lo sexual, escandaliza más con géneros como el reggaeton o el trap, que recurren mucho al insulto y a expresiones de mucha masculinidad.
¿Quizá se trate también de un tema cultural, que se acentúe más en según qué culturas?
—O más bien que se transmite de una manera que aquí nos escandaliza más. Incluso la canción de autor, que es más fina, también reproduce esos cánones del estereotipo de macho de la noche, que se junta con malas mujeres y es el amo de los prostíbulos. En el rock también, mucho discurso de tío que tiene a las mujeres a sus pies... y ya no hablo solo de la música, sino todo lo que la envuelve. El backstage, las gruppies... el que más mola es el que más chavalas se lleva, y eso también entre los viejos rockeros, que por cierto, algunos de 60 o 70 años han madurado poco.
¿Nos puede concretar ejemplos de grupos o cantantes, o de algún tema que le chirrie especialmente?
—Lo analizo todo, y te citaré por ejemplo a Kidd Keo, un cantante de trap, de Alicante. Tiene canciones muy machistas, macarras y violentas... pero también es capaz de producir temas distintos. La clave no es tanto señalar a gente específica, como por ejemplo se tilda a Maluma de machista, cuando hay 250.000 como él, sino de poner profundidad en los análisis. Ni todo es muy machista y no se puede escuchar nada, ni tampoco eso de que ‘como es para entretener, no importa’.
Recuerdo una polémica que suscitó hace un par de años una revisión de «Sufre mamón», de Hombres G. ¿Sería otro paradigma?
—Sí, Hombres G tiene letras machistas, en sus temas las mujeres no pintan nada. Aunque esté filtrado por el pop pijo, tienen letras muy machirulas. Lo interesante es que cuando salieron esos temas, ni lo pensabas, y ahora sí le pones ese filtro. Acuérdate esa de ‘voy a violarte en mi ascensor’... Bastante bien hemos salido en función de lo que escuchábamos en nuestra época.
Y hemos mejorado, ¿no?
—Sí. Ahora sería impensable escribir una canción así. Y las canciones más machirulas, saben que lo son, saben que va a escandalizar. No se hace de modo tan inocente como en los años 80. También es verdad que los jóvenes de ahora, saben mucho más, son más conscientes de que escandalizan. Y en el fondo buscan eso, escandalizar, que por algo son adolescentes.
¿Se podrá erradicar algún día ese machismo en la música?
—Ojalá, pero es complicado. Pero ahora, y es un punto interesante, hay muchas mujeres, artistas de mucho nivel, cuestionándose esto muy abiertamente, y posicionándose como feministas sin miedo. También muchos artistas masculinos se lo están planteando. Cuanta más educación tengamos en ese sentido, mejor. Al final, esta gente hace música para vender, si no compras o no escuchas... tenemos más poder del que pensamos. El cambio está ocurriendo despacito, pero está ocurriendo.
Que en alguna canción se haga alusión a un acto posesivo hacia la mujer no quiere decir que la misma letra lo apruebe y promueva. Puede contar una hipotética historia de un celoso desgraciado sin promover nada. Pero si contar una historia de violencia a través del arte nos da paso a censurarlo podemos empezar a quitar el 50% de cine y otro tanto porciento de música, literatura y pintura. Estamos llegando a unos extremos morales y acusadores bastante peligrosos.