Por el aire andan plácidas montañas o cordilleras trágicas de sombra que oscurecen el día», escribía el argentino Jorge Luis Borges en uno de los versos de su poema «Nubes», sin haber paseado nunca que se sepa bajo el inmenso cielo de Menorca, estos días poblado de ominosos nubarrones que anuncian un cambio de tiempo y de compás: la llegada de la larga temporada baja, el fin del alborozo estival, el advenimiento del invierno insular, tan distinto de otros inviernos, con su propia gravedad, que siempre trae consigo amenazantes sombras meteorológicas y económicas, pero también promesas de reposo para la sufrida naturaleza y sus extenuados recursos, de agua para los sedientos campos, de paz para sus ajetreados caminos y sosiego y recogimiento para los habitantes de esta pequeña y zarandeada isla que cada invierno muere un poco para renacer después. Todo eso anuncian las nubes del otoño.
La llegada de las nubes
Foto: Gemma Andreu
Javier Gilabert | Menorca |