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Memoria entre ruinas y libros

"El librero de Gaza", de Rachid Benzine

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Un joven fotógrafo francés, Julien Demanges, se detiene en una callejuela de Gaza ante el escaparate de una pequeña librería. Allí conoce a Nabil Al Djabir, su anciano propietario. Le pide permiso para retratarlo. El librero acepta, pero impone una condición: antes de disparar la cámara, el fotógrafo deberá escuchar su historia. «Una fotografía no es cualquier cosa, ¿no le parece? Yo no lo conozco. Usted a mí tampoco. Tal vez sería más amable que antes dedicáramos un poco de tiempo a conocernos».

Ese pacto inicial es el corazón de la novela El librero de Gaza, de Rachid Benzine (KIemitra, Marruecos, 1971): varias jornadas de conversación en las que la vida de Nabil se despliega como una crónica íntima de Palestina. Hijo de padre cristiano y madre musulmana, nació el 1 de enero de 1948, el mismo año en que se proclamó el Estado de Israel. Su biografía queda así indisolublemente ligada al destino de su tierra.

Resulta inevitable recordar a Salman Rushdie y a su narrador de «Hijos de la medianoche», nacido en el instante mismo de la independencia india. Pero ahí termina la coincidencia. Frente al realismo mágico exuberante de Rushdie, el autor marroquí opta por la sobriedad y la contención. No hay fuegos de artificio: la tragedia histórica no necesita exageraciones.

La mirada de Nabil parte de la experiencia palestina, pero no se limita al resentimiento. Es lo bastante lúcido para reconocer que la violencia encadenada solo perpetúa el conflicto. «Esta tierra —afirma— es una letanía de represalias sobre represalias, de odios amontonados, de tristeza cubierta de tristeza». La frase resume una espiral que parece no tener fin.

En una existencia atravesada por la pérdida, la injusticia y la muerte de los seres queridos, los libros se convierten en refugio y tabla de salvación. De joven decidió leerlo todo «como si hubiera contraído una fiebre». Gracias a esa voracidad lectora, su relato personal dialoga con las grandes obras de la literatura universal. La cultura aparece así como resistencia silenciosa frente a la devastación.

La novela no pretende ofrecer una lección de historia exhaustiva, sino una memoria encarnada. A través de la conversación entre el fotógrafo y el librero, el lector comprende que escuchar es también una forma de justicia. Antes de tomar la imagen, hay que atender a la palabra.

El librero de Gaza

Rachid Benzine

Traducción de José Antonio Soriano Marco

Editorial Salamandra

125 páginas

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