Fíjense en la cara de asombro de la vaca menorquina de cartón que aparece en la imagen. Desde detrás del cristal de uno de los patios de luz del hospital Mateu Orfila está acostumbrada a ver las sillas llenas de pacientes, agradecidos de poder estar en una sala de espera en lugar de una lista de espera.
Pero esta semana, la foto es del lunes, la huelga de médicos ha reducido la presencia de usuarios, tan pacientes con la sanidad pública. Cuando estás dentro, en rotación, la atención es estupenda, si no fuera por la enfermedad sería una buena experiencia. Pero lo que cada día cuesta más es acceder, es entrar en «la mejor sanidad del mundo».
La desesperación por las esperas excesivas crece cada día. Algunos dan la culpa a los inmigrantes, cuando el problema es que no se ha invertido suficiente para mantener un servicio imprescindible. Está bien que los médicos se quejen, pero los que deberían manifestarse son los pacientes que no pueden hacer huelga.