Se han ido de las plazas urbanas y es probable que la horizontalidad como sistema de organización y la ausencia de liderazgo les diluya hasta una nueva llamada de la red. Lo importante es que cale el mensaje, que el movimiento genere eso mismo, movimiento, en quienes tienen la responsabilidad de cambiar las cosas. Vale el espíritu de la indignación y, entre las primeras causas, figura el ahogo financiero de eso que llaman 'mercados', los 'putos amos' del capital que se mueve en el mundo, el que se agita en los foros internacionales y hunde a la gente del barrio. Se ha hablado también de democracia de manera confusa, porque democracia tenemos, en concreto en España disfrutamos del más largo periodo histórico de Estado de derecho. Quizás se propone una gestión más participativa y que los partidos sean órganos más abiertos, que el voto blanco compute, listas abiertas para que el ciudadano elija personas en vez de paquetes bloqueados, una ley de reparto de escaños más distributiva. Hay un camino recorrido nada desdeñable a pesar de sus imperfecciones y la lacra de la corrupción en la que muchos han caído, hay una Constitución concebida para la convivencia y nacida desde el consenso. Muchas cosas se pueden mejorar y es legítimo su planteamiento, salvo que con la excusa de la democracia nos lleven al totalitarismo.
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