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Contigo mismo

Trump no lee a Delibes...

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Puede que el mundo acabe siendo un conjunto de campos de concentración sin conexión. América, para los americanos. Inglaterra, para los ingleses, etc. Y si alguien ha quedado preso en una de esas parcelas sin tener la nacionalidad requerida, que se prepare… Porque esos lemas no hacen sino alimentar el racismo de los que buscan su propia salvación, aún a costa de mayoritaria miseria ajena… Que a mí no me falte el pan y que el vecino, pues eso, que se vaya al carajo… Y si me sobra, incluso mejor tirarlo que donarlo, no sea que la costumbre se mude en ley y los que no pertenecen a mi adosado se mal acostumbren… Lo triste de lo descrito no es sólo el hecho en sí, sino que tales ideas sean suscritas por millones de votantes… Ante la pobreza o las crisis de los pueblos –los políticos, que no estadistas, lo saben bien- únicamente son concebibles tres opciones: ignorarlas, combatirlas o utilizarlas en beneficio propio. Todos los populismos han optado por la tercera vía… No importa el dolor. Tan solo su instrumentalización. Así, el obrero estadounidense que se las está pasando canutas confiará en Trump. Él echará a los mejicanos, a los inmigrantes, a esos –cabrones- que le han hurtado un puesto de trabajo o una mejor calidad de vida… Él construirá protectoras vallas y tecnológicas garitas…

Vigilantes controlarán el gueto. Y se disparará –hay muchas maneras de hacerlo- para acabar con unos, tras embaucar a otros. Pero lo que no sabe ese obrero estadounidense es que, a Donald, su vida y su futuro le importan un carajo. Es difícil ver la miseria desde las doradas torres capitalistas…

A Europa, que la joroben. A Etiopía, que la joroben. Al repartidor de pizzas afro, que lo joroben. Al peón europeo mal pagado, que lo joroben. Al cambio climático, que lo joroben. A la postre, cuando llegue el apocalipsis, el mandatario ya estará criando malvas. A las políticas de paz, que las joroben, no vaya a enfadarse el Club del Rifle o como se llame eso... A la preservación de la Naturaleza, que la joroben. Que se j_da todo aquello que no posea el pedigrí de esa gran super-hiper-mega-requete guay potencia del mundo mundial…

Y, como guinda del pastel, el sarcasmo, cuando no la blasfemia… Hasta a Dios meten en el cocido… Dios -denlo por hecho- es americano, blanco y, consecuentemente, ha de salvar a… A América, of course!… God save… América… God save Gran Bretaña. Y que, después, se esté quietecito, porque ya habrá cumplido…

A Donald le recordarías que nada es inmutable. Que uno puede parapetarse en su fortaleza creyéndose autosuficiente, pero que, tarde o temprano –y la Historia no es cosa de décadas-, tendrá que salir al jardín o pedirle sal al vecino. Que –y en conocida frase- la Naturaleza es un préstamo de vuestros hijos y –añadirías- de vuestros nietos, esos que se exhiben, curiosamente, siempre, en campañas electorales y solemnes actos de investidura. Que se puede pasar a la Historia de muchas maneras y algunas deleznables. Que…

Mirando el mundo de hoy, desde tu cama y tu gripe, fruto, tal vez –aunque no va a ser eso- de la fiebre, el futuro se te muestra como apocalíptico: los populismos, las eternas guerras santas, el pasto, abundante, con que se alimenta el racismo, la Naturaleza mancillada, el poder nuclear, el crecimiento de las ideologías extremistas a ambos lados de una cuerda ya excesivamente tensada, las desigualdades galopantes y la ignorancia voluntariamente encumbrada no hacen sino presagiar un porvenir que se quedará únicamente en prefijo…

Por eso, a Trump –y a sus votantes- y a los ingleses del 'brexit' y a todos los carroñeros que engordan gracias a vuestra cultivada incultura e irracionalidad, les regalarías algunos libros de Delibes (Parábola del náufrago, entre ellos) y la carta de San Pablo a los Corintios (Corintios 13, 1-13) en la que define la esencialidad de la caridad… Pero –temes- de poco serviría. Al fin y al cabo, ni Delibes ni San Pablo tuvieron nunca pasaporte americano…

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