Hoy vengo a hablarles de cinco novelas breves que se quedaron a vivir en mi memoria lectora. 1) «San Manuel Bueno, mártir», de Miguel de Unamuno. Lectura obligatoria en bachiller, esta novelita supo conmover al adolescente que yo era entonces. Ya casi no quedan en mí vestigios de esa lucha entre duda y fe, pero el recuerdo del libro continúa. 2) «Primavera sombría», de Unica Zürn. Un viaje del suicidio soñado, presente en las páginas de esta novela corta, al suicidio real de la artista alemana, acontecido en París, en 1970. Una lucha contra la esquizofrenia, contra los demonios interiores. Simplemente, brutal. 3) «Los adioses», de Juan Carlos Onetti. En palabras de Muñoz Molina, «una de las dos o tres mejores novelas cortas que se han escrito en español». 4) «Ayer», de Agota Kristof. Cruda, poética, intensa, autobiográfica, el ejemplo perfecto de que no son necesarias montañas de páginas para contar los sinsabores de una vida. 5) «Distancia de rescate», de Samanta Schweblin. Narración hipnótica, envolvente, salpicada de terror psicológico, ideal para estos días inciertos.
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