Como cada día se abre un nuevo frente de batalla, y no solo en el mundo sino aquí mismo, digamos en Madrid, mientras el ámbito digital es desde hace años un verdadero campo de batalla global, con caídos por la patria y caballos agonizantes o vagando como fantasmas entre los escombros, a mucha gente le puede suceder como al joven Fabrizio del Dongo en La cartuja de Parma de Stendhal, que deambula confuso y aturdido por la batalla de Waterloo, sin saber exactamente dónde está ni si está participando realmente en la verdadera batalla. Que siempre parece estar en otra parte, puesto que no sólo se combate hasta el último palmo de terreno, sino hasta la última majadería. A lo que surja, como acabamos de ver con la apertura del frente de Eurovisión, donde durante varios días se oyeron los bombardeos de Israel, y se discutía su derecho a matar niños de hambre. El frente de batalla, también llamado línea de operaciones, es el sector donde se ubican batallones en orden de batalla, pero entre que es un sector dinámico y movedizo, que no siempre coincide con el frente estratégico, y que cualquier tontería, real o inventada en redes, permite abrir un nuevo frente, es normal que a veces ni siquiera los combatientes sepan dónde está el frente, y si están o no combatiendo qué. Esta confusión se entenderá mejor si recordamos que se trata de una batalla cultural, como asegura toda la ultraderecha del mundo, y Ayuso se jacta en Madrid de liderarla, y naturalmente, las batallas culturales tienen características propias. Simbólicas y metafóricas. Puesto que todo es cultura y el campo de batalla es el relato (¡literatura!), todo puede y debe ser utilizado para abrir nuevos frentes, reales o imaginarios, cercanos o remotos, auténticos o falsos, tradicionales o digitales. La familia, la inmigración, la seguridad, los toros, la televisión, Israel, la crisis climática, Sánchez, etc. Hasta los festivales de la canción y los exterminios coloniales. Ignoro qué nuevo frente de batalla surgirá hoy, pero seguro que aparecerá en cualquier sitio. Por el relato. Cultural. Y si alguien, como Fabrizio del Dongo, se siente perdido y no sabe si está o no en la batalla, lo está. Consiste en eso.
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