Se han cumplido 23 años del incidente de Perejil, interpretado por algunos como una charlotada del Gobierno de José María Aznar y por otros como el primer peldaño de una serie de afrentas por parte del reino alauita a la soberanía española que aún no ha terminado. El rey marroquí ha sabido garantizarse apoyos nada desdeñables en la escena internacional: Estados Unidos, Israel, Francia y Reino Unido. Distintas señales indican que ahora mismo algo se mueve allí y que las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla están en el ojo de Mohamed VI. Hay quien vaticina una ‘marcha verde’ para este otoño. En estos tiempos de fakes, conspiranoicos y falsos periodistas quién sabe lo que de verdad ocurre, pero cualquiera que esté atento sabrá que entre Donald Trump y Benjamin Netanyahu preparan una revolución que han llamado «nuevo Oriente Medio» y que no es nuevo: lo concibió George Bush hace más de dos décadas. La idea cobra forma ahora y, de modo tangencial pero fundamental, afecta a España. El objetivo es hacer frente al poderío comercial de China creando un corredor estratégico de Oriente a Occidente. Algo así como una ruta de la seda paralela, que discurriría desde India hasta Estados Unidos, con escala en los países aliados de EEUU en la región -Arabia Saudí, Jordania y los Emiratos- para llegar por tierra a Israel, punto culminante desde el cual el tráfico comercial y energético entraría en el Mediterráneo. ¿Qué ocurre? Que para salir de ahí y atravesar el Atlántico hay que pasar el Estrecho de Gibraltar y ese es nuestro. A menos que Marruecos -pieza importante en ese Nuevo Oriente Medio- se quede con Ceuta y establezca la puerta con un pie en la ciudad autónoma y el otro en la británica Gibraltar.
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