Los pasajeros judíos de un vuelo de Iberia se han encontrado pintarrajeado en sus bandejas de comida kosher el mensaje de moda: Free Palestina. Más allá del mal gusto y del vergonzoso antisemitismo rampante, llama la atención que tanta gente se haya dejado seducir por los cantos de sirena de los imbéciles de turno. Palestina lleva décadas aplastada por organizaciones terroristas, primero Al Fatah y ahora Hamás. El mandato más perentorio de esta gentuza es forzar a las mujeres palestinas a convertirse en fábricas de mártires para ganar la batalla de la demografía. Por eso vemos con inmensa tristeza a madres recién paridas en una Gaza destruida. ¿Es que los gazatíes con dos dedos de frente no saben ponerse un condón para evitar traer bebés al mundo en medio de un infierno? Se ve que no. O que están obligados a seguir pariendo sin importar las circunstancias.
El segundo mandato de esta gentuza es evitar a toda costa que los palestinos prosperen, que vivan en paz y lleguen a gozar de una sociedad sana, libre y con las necesidades básicas -y también las otras- bien cubiertas. Si eso ocurriera, nadie necesitaría la protección de los matones. Por eso Gaza malvive desde hace décadas de la ayuda humanitaria. Por eso necesitan comida enlatada y agua embotellada para sobrevivir, como si fueran un inmenso campamento tras una catástrofe humanitaria. No ahora, siempre. El tercer mandato de esta gentuza es imponer religión, ideología, modos de vida. Cero libertades, cero opciones. Solo replicar la misma mierda de limitaciones y odio generación tras generación. Entonces, cuando proclamamos eso de Free Palestina, exactamente ¿qué queremos decir? ¿Que se libren de los judíos o que se libren de Hamás?