Hace unos días, media España se llevaba las manos a la cabeza porque una persona contaba que varios parados rechazaban puestos de trabajo no cualificados, con contratos de cuatro meses y salarios de 1.300 euros netos, argumentando que «les estropeaba el verano, dejarían de cobrar ayudas o preferían estar de vacaciones», una situación que ha hecho que muchos se lleven las manos a la cabeza, cuando lo cierto es que es bastante más común de lo que se piensa. Son muchos los pequeños empresarios de las Islas, la mayoría de Palma, que han visto como todos sus intentos de encontrar personal han sido infructuosos y las razones esgrimidas son un calco de las anteriores, incluso algunas muy agresivas, hasta el punto de amenazarles con quemarles el comercio si notificaban al SEPE que habían rechazado la oferta, lo que lleva a plantearse si estas ayudas no deberían tener un tiempo límite o, mejor aún, estar sujetas a contraprestaciones, porque hacer de los subsidios una forma de vida es inmoral y deberían cobrarlos única y exclusivamente los que de verdad los necesiten.
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