Había tres clases de disimulo, según Mark Twain, la mentira, la maldita mentira, y la estadística. Anoto con esta, 500 colaboraciones, estadística disimulable, que incluyen 5 cartas al director y algunos pinitos sobre fútbol. Sé que si osara compararme con otros articulistas –más frecuentes y versados– esa cifra solo sería pecata minuta; no obstante, convengan que para mí sea una arboleda… ‘Un senyor des Mercadal’ fue el primer artículo, en gesto necrológico, que me publicaron el Día de los Inocentes [«Es Diari» 28/XII/2010 ]. Pasados casi 15 años desde entonces, con las sienes plateadas y en regresión, me conformaría, y no para requebrar lo contrario, si el 20 por ciento de mis colaboraciones hubiera contado con una mayoría simple de aceptación. Lograr el aprobado general sigue siendo una utopía, como ya avisó el bachiller Carrasco… Y de todo ha habido, también lamentos, como un sobrado que debí enmendar, pero, firme en la voluntad de no ofender a nadie. Conque, uno evita opinar de religión y de política, acaso influido por el citado Mark Twain: «estoy bastante seguro de que, en lo referido a ambas cuestiones, la capacidad de raciocinio de muchos no está muy por encima de la de los monos» [sic].
Samuel Johnson dijo, antes que Twain, que la conversación más risueña es aquella de la que no recuerdas nada en especial, sino una sensación placentera, tras haber leído, no ajena a la forma amena y agradable de como se ha dicho…