Enriquecerse puede referirse al aspecto material o a algo más espiritual, intangible, no crematístico. Los que no pasan de lo material, saben que ese tipo de riqueza es perecedera, efímera. Puedes ser un faraón en vida y un esqueleto o una momia cuando te mueres. Nuestro miedo a morir nos hace ser previsores, acumular, querer más y más, por si acaso vienen mal dadas. Incluso para dejárselo todo a nuestra descendencia. Algunos desprecian lo material y las riquezas mundanas para centrarse en otro tipo de posesiones. Otros no tienen nada. Dijo Lope de Vega que «en la vida todo falta y en la muerte todo sobra». Hay quien considera la cultura y la educación como una riqueza más valiosa que cualquier tesoro que podamos tener, esconder o enterrar.
Hacer negocio es humano. La civilización se ha construido sobre esa capacidad y aspiración. Si nadie hiciese negocio, viviríamos en el caos o en la selva. Amancio Ortega ha donado 11 millones de euros al Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo. Es uno de los más ricos del planeta, pero no lo quiere todo para él. Algunos tienen la tentación de gastar el dinero que han ganado otros, pero hay que ser muy cuidadoso con el dinero público. Despilfarrarlo o usarlo espuriamente es robar.
Etimológicamente, negocio es la negación del ocio. ¿Por qué llamamos al ocio «tiempo libre»? Convertir el ocio en negocio puede hacer que el tiempo no sea libre. Y nosotros tampoco.