Estamos a mediados de un mes que podría haber pasado casi desapercibido para los de aquí, si no fuera porque las genialidades y los hechos inexplicables irrumpen a través de esas finas rendijas que nuestra insana curiosidad abre para el gozo del ojo observador y crítico. Cuando a unas señoras octogenarias se les acusa de haberse quedado con un puñado de monedas de oro, indica que la oferta de los viajes del Imserso son escasos y no al alcance de todos. No es de extrañar entonces que algunas abuelas se quieran distraer con otros medios seguramente copiados de alguna peli al estilo de «Toma el dinero y corre» del genial Woody Allen, pero como no todo lo que brilla es oro, curioso es que el propietario de esas monedas haya tardado tanto en darse cuenta de su desaparición. A mí me faltan 20 € del lugar donde los dejé y los ando buscando al momento.
Y mientras siguen las pesquisas, se nos descuelgan con la creación de un celador nocturno para controlar el puerta a puerta de las basuras, vamos lo que vulgarmente se conoce como un chivato del mal hacer. Lo que se tendría que hacer o mejor dicho se tendría que haber hecho desde un principio es un estudio más sosegado de los pros y los contras. El buen ciudadano seguirá cumpliendo con lo dispuesto, pero el cafre, ese que se pasa todo por el forro seguirá en las suyas. Cuántos tendrían que volver a pasar por la antigua EGB para volver a aprender ética y el respeto a la comunidad.