Hay cuatro tipos de personas. Las que están aprobando en la escuela con la ayuda del Chat GPT (inteligencia artificial), los que aprobaron con la ayuda de la Wikipedia (sí, la enciclopedia de internet todavía está viva aunque no lo creas), los que aprobamos con algo que se llamaba ‘Encarta’ y que hacia el final venía en CD, y el resto, que son héroes. Una vez sopladas las 40 espelmes, el bagaje de vida me permite haber vivido algunas cosas que se pueden comparar.
La irrupción de esta especie de arma de destrucción masiva que es la inteligencia artificial (lo mismo hasta se enfada si ve que hablo mal de ella) nos ha hecho más vagos y más tontos. Porque no es que se haya inventado una especie de ser superior que lo sabe todo, sino que se ha creado una especie de cajón de sastre donde va a parar todo el contenido de Internet, que luego se filtra para regalarte la respuesta que más quieres, que no tiene por qué coincidir con la que es verdadera. No creo que te descubra nada si te cuento que Chat GPT te responde en función de todo lo que encuentra en Internet y que la Red está llena de basura falsa y algunas cosas verdaderas.
Pero no es nada nuevo. La Wikipedia, la «enciclopedia de contenido libre» es precisamente eso. Un currazo brutal de un montón de personas que desinteresadamente se han dedicado a crear entradas en la web de cosas -algunas de las más absurdas- que lo mismo te resuelven una duda existencial, que un trabajo de ciencias o te sirve para ganar un quesito del Trivial. El problema, como te decía, es que el contenido lo han hecho personas y que dependes de su buena voluntad. Pero ya se sabe, todo el mundo es bueno de entrada, hasta que se transforma en fiscal general.
La tercera opción, la que me salvó a mí en más de una ocasión, era la enciclopedia «Encarta» en su versión CD. Una posibilidad que te ofrecía de una forma más cómoda navegar y encontrar aquello que alguien -esto no cambia- había redactado en las antiguas y eficientes ediciones de papel y que se digitalizaron intentando salvar el tsunami tecnológico y digital que lo anegó todo allá por el 2000. En un cuadro de texto escribías lo que te interesaba, la aplicación lo buscaba y te lo daba y tú solo tenías que seleccionar el texto, copiar y pegar, y confiar en que tu profesor no tuviera la ‘Encarta’ o se asombrara de tu maravillosa capacidad para redactar. No solía salir tan bien.
Y como te decía, luego están los héroes. Los que durante muchos años buscaron la información a mano, acudiendo a grandes libros que olían -y siguen oliendo- raro. Una opción que te obligaba a copiar lo que te interesaba a mano en busca de un aprobado, o lo que surgiese.
Creo que lo más importante, de cara al futuro, será mantener la capacidad crítica para no creernos todo lo que nos dicen. Porque el relato, siempre, está condicionado.
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