La empresa ocupa el centro de la escena económica desde el inicio de la Revolución Industrial, hace tres siglos, en los que Occidente ha logrado un crecimiento del PIB sin precedentes. Ese extraordinario avance tiene sus sombras: el empobrecimiento de algunos países (se ha dicho con acierto que los que llamamos países subdesarrollados son en realidad el resultado de la industrialización de Occidente), y la desigualdad creada dentro de los países. La empresa debe participar en la corrección de esos defectos a la vez que adapta su política a las exigencias del cambio climático.
Además, la empresa se enfrenta hoy a cambios tecnológicos que pueden ser fundamentales: la digitalización (ordenadores e internet) y el desarrollo de las aplicaciones de la inteligencia artificial (IA). Esta, hoy en sus inicios, va a caballo de la primera, que ya tiene algunas décadas. Las preguntas son las mismas que surgían en los inicios de la Revolución Industrial: ¿qué impacto tendrán sobre los empleos? Los cambios ¿serán masivos o limitados? Rápidos o progresivos? ¿Y los salarios?
Empecemos clasificando los empleos, siguiendo una nomenclatura ya consagrada, según dos criterios: que sean manuales (albañilería) o cognitivos (de pupitre), y según sean rutinarios (operaciones en una cadena de producción) o creativos (limpiar una habitación o diseñar un puente). Así, el trabajo de una mujer de limpieza, manual, es creativo, porque cada habitación es un mundo distinto, mientras que el de un ponedor en supermercado es manual y rutinario; el de un arquitecto que proyecta una casa es cognitivo y creativo, mientras que el de un ingeniero que verifica la temperatura de una instalación es cognitivo y rutinario. Ya se ve que los ordenadores sustituirán ante todo a los empleos cognitivos y rutinarios: los ordenadores no pueden sustituir a los creativos, ni manuales ni cognitivos. Y ahora tratemos de contestar a las preguntas con lo que la experiencia sugiere.
Los ordenadores se han extendido en todas las empresas. El impacto sobre el empleo ha sido mayor en las tareas administrativas (cognitivas y rutinarias). Sin embargo, no se ha advertido una reducción masiva y general del empleo. Al parecer, ha sido fácil asignar nuevas responsabilidades a las personas desplazadas por ordenadores. Los cambios han sido más lentos de lo esperado, mucho más lentos que los desarrollos de la informática. En general, la empresa ha empleado éstos para mejorar el rendimiento de procesos existentes más que para cambiar o suprimir procesos. Pero el cambio no se ha detenido por ahora.
¿Qué añade a eso la IA? Según una visión conservadora, la IA actúa en la misma dirección que la digital, sólo que muchas de las actividades hasta ahora consideradas creativas pueden estar al alcance de la IA. Así, el ámbito reservado a los humanos se va reduciendo. Pero se observa idéntica cautela en la adopción de IA por parte de las empresas. Un análisis del comportamiento de quienes invierten en el sector indica que éstos creen que el ámbito de la IA se irá extendiendo, pero anticipan que surgirán problemas. Una visión optimista sugiere que la propia IA hará posible que los humanos aprendan mucho más rápidamente que hasta hoy. Hay visiones y especulaciones mucho más radicales.
Pero volvamos al principio: ¿hay algo en esas perspectivas que permita esperar una mejora en los aspectos negativos de la economía actual, heredados del pasado pero aún vigentes? La respuesta es negativa. Por lo que hace al empleo, algunos sugieren que, como ha sucedido hasta ahora, la creación de nuevas tareas compensará la sustitución por la IA de tareas eliminadas; pero puede que la IA presente posibilidades de sustitución mucho mayores que la digitalización. En cuanto a los salarios, es muy probable que la IA acentúe la polarización de la escala salarial iniciada por la digitalización: los nuevos trabajos tenderán a ofrecer menores salarios, mientras se benefician los que ocupan los nichos reservados a los humanos. Nada de eso es seguro ni inevitable, pero algo más que la tecnología deberá cambiar para tener un mundo más habitable.