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La sentencia

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Hubo que esperar casi veinte días para que el Tribunal Supremo razonase y explicase la condena del ex fiscal general, pero valió la pena. Si la mitad de la población ya no había entendido el proceso ni de qué se le acusaba, una vez argumentado jurídicamente ya no lo entiende nadie, ni siquiera los que celebran entusiasmados el veredicto, porque hasta el PP se extraña y lamenta que no se condene a Sánchez, que es el que manda y por tanto autor intelectual del delito, sea cual sea ese delito. Acaso ni los propios jueces de TS lo entienden, ya que han necesitado 180 páginas para fundamentar que «él o alguien» cometió algo, y ello es así «por falta de una alternativa razonable». Una alternativa de culpabilidad, se supone. Estamos habituados a que todas las sentencias, sean de Agamenón o de su porquero, sean del presidente de Estados Unidos que no para de sentenciar, suenen a la vez rotundas y confusas, pasmosas, pero cuando sentencian los jueces profesionales, la cosa aún se complica más porque el lenguaje jurídico, en su desmedido afán de lógica y precisión, sin ambigüedades, acaba siendo ininteligible en cualquier idioma. El vocabulario especializado se petrifica, la sintaxis sufre horribles contorsiones, y la jerga resultante, un argot para iniciados, se vuelve críptica y secreta. No hay quien entienda nada, como en El proceso de Kafka, salvo que no sería razonable que no fuese culpable. El rigor lingüístico exacerbado tiene estas paradojas. Así que, puesto que se trataba de una sentencia histórica, el tribunal se tomó prudencialmente su tiempo. Y multiplicó la incomprensión. Hemos leído millares de comentarios, y parece que la sentencia explicada es aún más inexplicable. Lo que sin embargo resulta enormemente coherente con todo lo comentado desde el ya lejano inicio del caso, y que sin duda se saben de memoria. No se preocupen, no pienso repetirlo. Comprendo el espantoso hartazgo (el defraudador confeso, su novia, el fiscal, el PP y el Supremo) que les abruma. ¿Y existe al menos la posibilidad de que tras la sentencia se acabe el asunto? Seguro que no. El safari judicial proseguirá. Queda el Constitucional, y quizá el Tribunal Europeo. Faltan sentencias.

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