El discretísimo paso de la exconsellera de Vox por la primera institución insular en función de su cuestionable desempeño, tanto cuando formaba parte del equipo de gobierno como titular del área de Vivienda y Agenda Urbana, como desde que fue cesada por el presidente en noviembre de 2023, puede tener una relevante excepción.
En consonancia con la ideología de la formación a la derecha de la derecha con la que concurrió a las urnas ese mismo año, Maite de Medrano ha forzado dos acciones que han puesto en pie de guerra al funcionariado y a la oposición del Consell, a cambio de facilitar la aprobación de los presupuestos para el próximo año con su abstención.
Ella ha dado alas al conseller de Cultura, Joan Pons Torres, que no puede presumir de moderación en sus postulados, precisamente, para impulsar un viraje lingüístico en la institución insular, a favor de recuperar la cooficialidad del castellano y el catalán con prioridad a «las formas propias del menorquín». La nueva deriva con el recurrente tema de la lengua implica una modificación del Reglamento de Usos Lingüísticos del Consell que puede traer consecuencias y desgaste al equipo de gobierno, más incluso que la novedosa Semana de la Hispanidad que también ha impuesto De Medrano en torno al 12 de octubre del próximo año. Habrá que ver cómo se desarrolla y con qué apoyos cuenta cuando llegue el momento.
Ese regreso al castellano aparece como una iniciativa arriesgada, además, porque el titular de Cultura no cuenta con el respaldo de ninguno de los organismos dependientes de la institución con competencias en esta área para recuperarlo a nivel oficial.
El conseller ha rentabilizado las condiciones de Maite de Medrano para plasmar así las ideas que siempre defendió antes de ser captado por Adolfo Vilafranca, aunque abrir ese melón ahora, más de dos años y medio después de llegar a la plaza de la Biosfera, no parezca lo más aconsejable para el PP al tratarse de una cuestión que se antoja muy asumida.