Recordamos este año, los 75 del desencadenamiento de una guerra llamada «olvidada», desde luego no por parte de los familiares y amigos de las personas que la sufrieron. Porque hablamos de cinco millones de muertos, de los cuales cerca de dos fueron combatientes, 80.000 de ellos aliados, en su mayoría norteamericanos. ¡Como para olvidarla!
Corea ocupada por Japón durante la Segunda Guerra Mundial, fue dividida artificialmente por el Paralelo 38º entre Rusia y EEUU dos potencias vencedoras y de ideologías ya confrontadas. En la madrugada del 25 de julio de 1950, tropas de la Corea comunista cruzaron esta frontera y conquistaron la capital, Seúl. Su ofensiva continuó hacia el sur, hasta la intervención de los EEUU que forzaron la Resolución 377/50 de la Asamblea General de NNUU autorizando el uso de la fuerza. Tras un arriesgado y brillante desembarco en Inchon a mediados de septiembre, los Aliados (1) con los EEUU al frente, recuperaron toda la zona invadida. Luego, «explotaron el éxito» hacia el norte hasta alcanzar el río Yalu frontera con Manchuria y China, cayendo en una trampa que les llevó a combatir, no solo en un terreno áspero, sino además enfrentarse al rigor de un duro invierno y a unas oleadas de «voluntarios» (VPC) al mando del general Chai-Ung-Chai. «El pueblo chino -había advertido- no permanecerá indiferente ante la invasión de un país vecino por los imperialistas». Una dura contraofensiva, dio respuesta a su promesa. A primeros de diciembre -cinco meses desde el desembarco- las tropas aliadas se retiraban en todo el frente, a costa de un enorme desgaste.
Varias lecciones a extraer.
* La Resolución 377/50 de la Asamblea General de Naciones Unidas, que autorizaba el uso de la fuerza, suponía una ampliación del campo de aplicación de la seguridad colectiva a los conflictos provocados o sostenidos por una de las grandes potencias, mientras que la Carta de las Naciones Unidas (1945) la limitaba a conflictos en los que aquellas, no intervenían. Con la asunción de responsabilidades del Consejo de Seguridad, la Asamblea General «creaba doctrina» que se repetiría a instancias de la antigua Yugoslavia, en la crisis de Suez en 1956. ¿Podría haberse aplicado esta Resolución, al caso de Ucrania?
Materia de estudio en todas las Escuelas de Estado Mayor, esta guerra fue la primera convencional desencadenada tras el final de la Segunda Mundial. Es decir: fuerzas bregadas y mandos experimentados.
Volvamos a los acontecimientos: 100.000 norcoreanos cruzan el Paralelo 38 y tres días después, ocupan Seúl. Los restos del ejército surcoreano se repliegan al llamado Perímetro de Pusan, sureste del país. Y cuando parecía que las fuerzas aliadas desembarcarían al amparo de esta zona segura, un intrépido McArthur ordenó el desembarco en Inchon, una bahía occidental cercana a la capital, que recuperó en pocos días. Tras ella, inició una rápida ofensiva hacia el norte cayendo en una considerada trampa tendida por China, bloqueando a las tropas aliadas en un entorno de alta montaña, en pleno invierno siberiano.
«En un terreno que no ofrezca ventajas ni a una parte ni a la otra, hay que atraer al enemigo fingiendo una retirada y lanzar un ataque cortándoles el camino» (Sun Tzu).
La contraofensiva comunista fue fulminante: en enero de 1951 volvía a caer Seúl. En abril, Ridway otro veterano de la Segunda Guerra, sustituía a McArthur en plena crisis política. En junio de este año, se estabilizaban los frentes y en julio de 1953 se firmaba el Armisticio de Panmunjom que restablecía el Paralelo 38 como frontera.
De la rápida ofensiva aliada ordenada por McArthur, destaca la cautela del general Oliver P. Smith, una leyenda entre los «marines». Organizó una potente base de retaguardia en Hagaru-ri (2) cercana al puerto de Wonsan (3), en sabia previsión de un forzado repliegue, que el tiempo le obligó a realizar. Cuando se le preguntó si aquello era una retirada, hombre orgulloso de sus «marines» y de su brillante hoja de servicios, respondió: «sencillamente atacamos en una dirección diferente». No se acogía siquiera a la conocida máxima: «una retirada a tiempo, es una victoria».
Pienso en nuestra vida política. En quienes se lanzan al ataque sin asegurar retaguardias. Quienes tienden trampas a base de mentiras. Quienes con orgullo, no admiten la realidad de los hechos, sin contemplar siquiera, las retiradas a tiempo. Y llaman «direcciones de ataque diferentes», a cambios de criterio, promesas incumplidas, blanqueos de terroristas o pactos secretos insolidarios. Todo, por supuesto, sin la menor apelación a la ética.
Una última reflexión, querido lector: ¿imaginable hoy para Ucrania, una solución similar a la aplicada para Corea en 1950?
(1) Con EE.UU., UK, Australia, Nueva Zelanda, Canadá, Turquía, Francia, Tailandia, Filipinas, Colombia, Países Bajos, Bélgica, Etiopía, Sudáfrica, Grecia, Suecia, Noruega, Dinamarca, India, Italia e incluso Luxemburgo.
(2) Extremo sur del embalse de Chosin, testigo de encarnizados combates.
(3) El Port Lazarev de los rusos.
* Artículo publicado en «La Razón» el jueves 11 de diciembre de 2025.