Por lo que sé de los extremistas, no solo políticos sino culturales, artísticos, tecnológicos y hasta literarios, el extremo siempre está un poco más lejos. Esto significa que no bien llegues al extremo ideológico de lo que sea, verás las espaldas de otros extremistas alejándose, y cogiendo velocidad por la succión del vacío. Lo que explica la frustración de cualquier extremista, y su pésimo humor al comprobar que siempre hay alguien más extremista que él, así como también ese tópico sociológico de lo mucho que están creciendo los extremismos en todo el mundo, como pueden leer a diario en cualquier periódico. Por otra parte, al ser el espacio curvo y con forma de anillo (o de argolla), la sabiduría popular asegura que los extremos se tocan, igual que las paralelas en el infinito. No digo que no, aunque más que tocarse estallan. ¿Y cómo puede un extremista seguir avanzando hasta la victoria final, una vez rebasado ya el extremo? Pues contorsionándose como una oruga, que se desplazan a gran velocidad persiguiendo el propio extremo de su cuerpo. Se acelera mucho con este procedimiento.
Pero olvídense de todo lo que acabo de decir, me he puesto un poco extremista en el análisis de los extremismos políticos, económicos y tecnológicos. Volveré a empezar. El extremo, decíamos, que siendo el extremo no es aún el extremo, como cuando las naves espaciales futuristas viajan al infinito y más allá. En el más allá está el detalle. Para mí, el éxito popular de los extremos, también llamados límites y que tanto gustan a los cineastas y novelistas, reside en que muchas cosas y casi todas las herramientas de uso corriente (salvo las muletas), se cogen y manejan exactamente por el extremo, también llamado mango. Y quién no prefiere tener la sartén por el mango, y no por el aceite hirviendo mientras vas con muletas. Ah, la gran atracción del extremo, tenga o no motivos utilitarios. Y no se me ocurre nada más que decir de este asunto. Años llevo leyendo sobre los extremistas, el extremismo y el actual auge social de los extremos, ese gran tema global, y suponía que mi obligación era decir algo. Pero lo siento, no me ha salido nada razonable. Igual el extremo no tiene mango.