Un buen amigo mío, en cierta ocasión, me hizo esta amable y seria advertencia: «Añadimos años a nuestras vidas, pero no vida a nuestros años».
Lo más fácil es añadir años a nuestras vidas. Si no morimos, esto se realiza automáticamente y con suma facilidad. En cambio, lo más difícil es saber dar vida a nuestros años. Es una aventura que vale la pena. Si la sabemos llevar a cabo, nuestro espíritu no envejecerá nunca y creceremos en humanidad.
Inyectemos vida a los años y nuestra sabiduría irá en aumento.
Inyectemos vida a los años y los otros podrán encontrar en nosotros un referente que valga la pena.
Inyectemos vida a los años y nuestra vejez no será un peso para los que nos rodean.
Inyectemos vida a los años y nos acompañará siempre la auténtica felicidad.