El PSOE está en un momento extremadamente complicado y es imposible no acordarse de los años finales de Felipe González, el calvario de acusaciones de corrupción, nepotismo, como el del hermano de Alfonso Guerra o la fuga de Luis Roldán que anticipaban el desmoronamiento de los que se llamó el felipismo. Ahora es el sanchismo el que está contra la cuerdas. La baraka de Pedro Sánchez parece haberle dado la espalda, aunque aún le queda el comodín de sus socios. Sánchez aguantará mientras sus socios le apoyen o mientras en el partido nadie empiece a cuestionar públicamente su figura, alguien que no sea Emiliano García–Page, sino militantes del PSOE con autoridad en el partido. Mientras no se de ninguno de estos dos factores, seguirá adelante con su baraka porque su misión en el mundo es que no gobiernen PP y Vox, o al menos que no lo hagan hasta que no les toque su turno.
El problema para el PSOE es que la resistencia del PSOE va a dejar maltrecho el poder territorial del partido. En Extremadura se anuncia una debacle que se extenderá después, con menos intensidad probablemente, a Aragón y Andalucía. Sánchez aguanta a costa de sacrificar a sus peones territoriales; hipoteca el poder periférico a costa de salvar el templo sagrado de La Moncloa y quién sabe si comenzar desde allí una reconquista épica de los territorios regionales.
Lo que se ha dicho para Extremadura, Aragón y Andalucía sirve para Balears. Aquí no hay elecciones por ahora pero da igual. Aunque la política es cada vez más gaseosa y todo cambia a velocidad de vértigo, no parece que los socialistas de las Islas, que perdieron las elecciones, vayan a mejorar su situación de aquí a 2027, fecha en la que se irá a las urnas si no hay adelanto. Será más bien todo lo contrario. Las previsiones irán a peor y una prueba es la denuncia por amenazas que ha presentado una militante socialista contra Iago Negueruela, archivada por Ferraz ante la falta de evidencias. No puede descartarse que aparezcan más. Negueruela fue un hombre muy poderoso en la anterior legislatura y las personas poderosas suelen dejar heridos en el camino. También Francina Armengol los dejó, pero ella sigue siendo poderosa. Negueruela, no tanto. En el PSOE de Palma hay un problema interno que trata de minimizarse, pero hay fuego amigo y la dirección lo sabe. Tiene el poder, pero no el control y algunos dudan de que deba ser el candidato. El problema es que esos mismos reconocen que, en este momento preciso, tampoco parece que nadie esté con ganas de disputarle una candidatura abocada, hoy, a la oposición.