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Recuerdos del ayer

| Menorca |

Así es. Vivo el presente tal como se me presenta y acepto cuanto toca vivir, día a día intentando ser feliz, hace tiempo dejé de brindar pidiendo salud, por el contrario pido al Sagrado Corazón de Jesús me dé fuerzas para aceptar, sin regañar, cuanto se me tenga destinado en ese camino de la vida.

Hoy, 23 de diciembre pasada la Navidad, sentada junto a la chimenea la que tanto me ayuda a gozar y dar gracias a cuantos me ayudan después de recibir antiguos amigos y recordar historias pasadas, entregué un listado a modo de postal a uno de estos fervorosos de baixamar. Fuimos hablando de años atrás, cuando los mariscos eran tan preciados y en nuestro puerto tantos se podían capturar.

En 1884, se contabilizaban 7 de adscritos, siendo una gran mayoría que sin estar dados de alta se dedicaba a ello amén de cantidad de familias. Sin olvidar los pescadores    que llegado esta época no dejaban de lado el marisqueo. Los dados de alta fueron: Pedro Riudavets Pons, c/ Alayor 31; Jaime Comellas, Puente del Castillo 5; Antonio Rotger Orfila, Sto. Cristo; Bernardo Pons Hernández y sus hijos; Bernardo Pons Ponseti, Calle Alonso, s/n y Pedro Triay Pons, de la Iglesia 41.

En 1890, Antonio Comellas Thomás, San Bartolomé, 25; Cayetano Muñoz Pujol, Cos de Gracia 165; Pedro Carreras Comellas, Cos de Gracia 37; Francisco Clar Garcias, Cos de Gracia 106; José Mus Pons, San Fernando 62; Jaime Juan Anglada, y sus hijos; Joaquín Juan Pons y Antonio Juan Pons. Ambos vivían con su padre en la c/ de la Iglesia 25.

En Mahón, los mariscos siempre fueron muy apreciados, y a su vez de sabor único por el decir de la cantidad de peninsulares que aquí se encontraban, incluso escuché a gallegos comentar que los de Galicia eran únicos de ahí su fama, pero los del puerto mahonés sabían a gloria.

Llegadas las fiestas de Navidad y Fin de Año se acostumbraba visitar a las familias y amistades, amén de tener la mesa    parada con un despliegue de platos de turrones y pasteles propios elaborados    por la ama de casa entre otros en la mayoría no faltaban variedad de mariscos, en ocasiones capturados por el    cabeza de familia e hijos, y en caso contrario adquiridos en varios puestos de nuestra pescadería. Recuerdo que eran expuestos en comercios especializados que, en época permitida la captura, se dedicaban a su venta. Exponiéndolos en las ventanas de su propio domicilio.

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