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Todavía estáis/estamos a tiempo (El mejor regalo)

| Menorca |

«¿Para qué sirve la Literatura?» –te pregunta un estudiante-.

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Una exalumna con la que tomas café en un bar te comenta que lleva dos años sin hablarse con su madre. «Me dijo que yo había muerto para ella» –continúa–. «Odio la Navidad» –concluye–. Y pide tu opinión. Tú te limitas a recomendarle que relea la rima XXX de Bécquer. La sabes inteligente y sensible. Como sabes que ese reencuentro con el poema del sevillano le será de enorme ayuda.

Al cabo de una hora, el azar quiere que conozcas también la historia de dos hermanos: una década sin verse por culpa de un valioso y puñetero cuadro, fruto de una herencia que uno considera justa y el otro todo lo contrario. La misma casualidad que te permite enterarte del devenir de un hijo que, tras una vida poco recomendable, siente vergüenza de visitar, tras un largo periodo de ausencia, a sus padres. A esos hermanos y a ese hijo, si los conocieras y tuvieras acceso a ellos, les aconsejarías lo mismo que le aconsejaste a esa exalumna tuya: la rima XXX… La que reza así: «Asomaba a sus ojos una lágrima/y a mi labio una frase de perdón;/habló el orgullo y se enjugó su llanto,/y la frase en mis labios expiró./Yo voy por un camino; ella, por otro;/pero, al pensar en nuestro mutuo amor/ yo digo aún:¿Por qué callé aquel día?/Y ella dirá: ¿Por qué no lloré yo?».

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¿2006? Tras leer en clase esos versos, X, un alumno de primero de Bachillerato, sale del ‘Insti’, cruza la calle Vives Llull, accede a la cabina sita junto a la ‘Farmacia Seguí’, introduce unas monedas, marca un número y se desprende de su orgullo. Gustavo, su hijo –que tendrá hoy unos dieciséis años– fue uno de los frutos de esa reconciliación. Te lo contó hace años su padre. El nombre que le pusieron al recién nacido -¡natural!- no fue casual…

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«¿Para qué sirve la Literatura?» –te pregunta un estudiante–.

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En ocasiones te inquieres sobre cuántos reencuentros no se habrán abortado por el orgullo; por esperar, estúpidamente, que fuera el otro quien diera el primer paso… ¿Cuántos abrazos habrán dejado de darse? ¿Cuántos besos? ¿Cuántas caricias? ¿Cuántas palabras de ternura?

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«¿Para qué sirve la Literatura?» –te pregunta un estudiante-.

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Hoy es día 23. Con seguridad el mejor regalo no precise de lujosos envoltorios, ni de lazos, ni suponga coste monetario, ni esté a la venta en comercio alguno. El mejor regalo tal vez consista en mandar a la puñeta ese orgullo mentado o ese cuadro de la discordia que no cabrá mañana en un ataúd; en entender que la vergüenza es signo de sanación; en visitar a una madre tras dos años de ausencia… El mejor regalo, con toda certeza, será un abrazo, sí, un beso, una caricia, una llamada telefónica, una puerta que se abre o cualquier acto de amor…

«¿Para qué sirve la Literatura?» –te pregunta un estudiante–.

Entre otras muchas cosas, para asimilar eso…

Hoy es día 23. Y todavía estáis/estamos a tiempo…

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