Esta semana, y también la próxima, no existe la actualidad, sólo algunas costumbres. Tradiciones, pero no noticias. No es que no vayan a seguir pasando cosas, de las que se nos informará al minuto, es que dará igual, haremos como si no, porque pase lo que pase, calamidades geopolíticas incluidas, será Navidad. Y las noticias no navideñas carecen de interés en Navidad. Cuestión de jerarquías. A partir de hoy más o menos, la jodida actualidad española, europea y mundial, así como los infinitos comentarios que suscita, se pospone hasta año nuevo, o incluso hasta después de Reyes si no es muy urgente. Tampoco se pierde nada, porque nos será ofrecida en diferido cuando llegue el momento.
Suena raro lo de actualidad en diferido, pero es que estas semanas son realmente raras, porque si bien el tiempo nunca se detiene, a veces se forman burbujas espaciotemporales desconectadas de su eterno flujo. Algunos expertos en burbujas, sean bursátiles, financieras, tecnológicas o cósmicas (los llamados universos burbuja), teorizan que todas sin distinción son de origen neurológico, se forman en la mente humana y carecen de existencia real. Más a nuestro favor, en efecto, pues nada es más neurológico que la burbuja navideña, y no por eso deja de ser una burbuja espaciotemporal de padre y muy señor mío, naturalmente irreal, donde el tiempo gira sobre sí mismo, y no avanza hasta que la burbuja revienta. Momento en el que la actualidad diferida se desploma con estrépito sobre nuestras cabezas, y todas las noticias recuperan su ritmo habitual. La realidad propiamente dicha regresará el año próximo, o luego de Reyes, y hasta entonces casi todo lo que suceda sucederá en nuestra mente, donde los árboles de Navidad no nos permiten ver el bosque. Un bosque con monstruos, por cierto, que aprovechan la ficticia tregua navideña para hacer de las suyas, qué otra cosa van a hacer, y así ganar terreno para cuando reviente la burbuja. Esto pasa con las burbujas financieras, por qué no con las espaciotemporales navideñas. Pero claro, yo ahora también estoy dentro de esa burbuja, sin noticias de la actualidad y rodeado únicamente de costumbres tradicionales, cómo voy a fiarme de mis juicios. Mejor no me hagan caso. Esta semana lo adecuado es no hacer caso de nada, no darse por enterados.