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1957: Navidad en T’Zelata

| Menorca |

Entre marzo y abril de 1956 Francia y España reconocían la independencia del Reino de Marruecos. El proyecto del «gran Magreb» se pondría pronto en marcha, afectando a nuestros territorios en el Africa Occidental, Ifni y Sahara. Culminaría con la Marcha Verde en 1975 y la discutible y discutida integración del Sahara en el reino Alauita.

La consecuente ofensiva de aquel Ejército de Liberación en 1957 y 1958, representó un enorme esfuerzo para España, particularmente para sus Fuerzas Armadas(1), servidas por mandos y unidades profesionales, pero con el valioso apoyo de un fuerte componente de soldados de reemplazo, a quienes    dedico hoy esta reflexión.

Una «Associació Catalana de Veterans de Sidi Ifni» nació en 2002    formada inicialmente por    681 afiliados. Mantengo desde entonces contacto con ellos, obligado por el enorme respeto que merecen aquellas quintas que aportaron sus esfuerzos -e indiscutiblemente su patriotismo- en momentos y ambientes de guerra. Una «Revista» que impulsa su presidente Miquel Querol, da cuenta de celebraciones y vivencias. También, por ley de vida, contabiliza bajas. (hoy permanecen 260). En su último número agradece el apoyo de dos veteranos, Ramon Roselló y Josep María Contijoch, este último que «con 91 años y haber sufrido ocho operaciones quirúrgicas, sigue al pie del cañón». Contijoch es autor de un libro entrañable:»Sidi Ifni. Impresiones de un movilizado»(2) testimonio obligado para quienes quieran profundizar en aquella «olvidada» guerra. Adjunta, una emotiva «narración» del soldado Antonio Pérez Pérez, nacido en Bailén, referida al sitio que sufrió el puesto avanzado de T´Zelata por aquellas supuestas »bandas rebeldes» a finales de 1957. Adjunta una foto -jura que es real- en la que, fusil apoyado en saco terrero, figura el que sería Ministro de Sanidad con Suarez, Enrique Sánchez de León. El fortín, situado a 30 kilómetros de la capital Sidi Ifni, estaba guarnecido por la 3ª Compañía del Grupo de Policía al mando del teniente Cuevas. Contaba con dos suboficiales, 14 policías europeos -nosotros- y 80 nativos que vivían en el poblado anexo. »Alli pasé los angustiosos once días    de asedio, a partir de aquella madrugada    de 23 de noviembre» Refiere que: «para neutralizar a un fusil ametrallador enemigo, el Teniente Cuevas nos mandó al cabo Manuel Castilla y    a dos policías para repelerlo, lo que no fue fácil». «De pronto me encontré arrastrando a un muerto y a un herido desmayado, hacia terreno cubierto; los minutos se me hicieron horas hasta que llegaron los apoyos de los compañeros del interior de la posición». «Debo recordar que el Cabo Castilla tenía ya su billete para viajar a Llerena (Badajoz) donde iba a contraer matrimonio». »Indescriptible la alegría que sentimos once días después, al ver los «tarbush»    de los Tiradores y una sección de la Legión que venían a socorrernos.

Refiere como «otros momentos tristes y dolorosos», los posteriores trabajos para desenterrar del interior del fortín los cadáveres del Brigada Luis Gutiérrez Nalda y del cabo Castilla y cargarlos en un camión GMC y de regreso a Ifni, cargar los del teniente Antonio Ortiz de Zarate y algunos paracaidistas que venían a liberarnos»(3).

Póngase el lector en la piel de un joven de Bailen de 20 años, e intente aplicarlo a muchos de nuestros jóvenes de hoy.

2 Aunque la guerra oficial se circunscribe del 23 de noviembre de 1957 hasta el 15 de julio de 1958, no se cerraría políticamente en Ifni hasta la entrega del territorio el 30 de junio de 1969. Del primer tiempo de guerra, cuenta Contijoch sus impresiones, primero en su período de instrucción como Policía –«con un sueldo entonces de 720 pesetas, cuando los «pipiolos» solo cobraban entre 30 y 60»- luego como escribiente del Estado Mayor del Comandante General del territorio, Zamalloa.

Su relato me acerca a el, entre otros motivos, por el cariño y respeto con que trata a las unidades paracaidistas, de las que procedían sus instructores: los cabos Requeny, valenciano, bajo de estatura, extraordinariamente fuerte, el alemán Hans «cabeza cuadrada» y Tuero asturiano, seco, duro, herido posteriormente en combate. Destaca los bautismos de fuego y los saltos en paracaídas de las dos Banderas y su sacrificio en el eficaz apoyo de las guarniciones aisladas. Trata como héroes a Ortiz de Zarate, Moncada, Cañadas, Pallás, Sagaseta, Sánchez Duque, Pedrosa y tantos otros con los que me encontré el 1963 al incorporarme recién salido de la Academia de Toledo, a la Primera Bandera Paracaidista, lo que marcaría mi vida militar.

Al dedicar hoy esta reflexión a aquellos soldados de reemplazo que vivieron unas extrañas Navidades en 1957,-a pesar de Carmen Sevilla y    Gila- la extiendo a los cerca de 3.000 miembros de nuestras Fuerzas Armadas, que hoy la celebran lejos de sus seres queridos.

(1) Hablamos de 199 muertos, 80 desaparecidos y 593 heridos.

(2) Cossetánia Edicions. Valls. veteifni@hotmail.com

(3) La Sección resistió hasta el 1 de diciembre al mando del sargento Moncada, con cinco muertos y 14 heridos graves.

*Artículo publicado en «La Razón»

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