¿Sabes cual es una de las cosas buenas de los sueños? Que los hay de cualquier tamaño. Y eso ayuda a que, a estas alturas del año no hemos cumplido todos los propósitos que nos habíamos marcado, nos consolemos con lo mínimo para quitar el agridulce sabor que te deja el fallo. Si a ti te pasa como a mí, que sepas que la verdad más verdadera es que 365 días son pocos para ponerte al lío con todo lo que querías.
Yo no he hecho más deporte. Ni siquiera se podría decir que he hecho deporte, en verdad. He salido a correr pero sigo comiendo por encima de mis posibilidades a la vez que la lavadora me sigue encogiendo la ropa con nocturnidad y alevosía. Pero bueno, el 2026 ya despunta y se viene intensito. Tendrá sus movidas, espero, aunque deseo que no se le parezca en casi nada al 2025 («Menuda chapa nos espera, otro artículo de valoración del año», estarás pensando y no te falta razón).
En los últimos meses he ido tan saturado y sobrepasado que no me ha dado tiempo ni a recordar qué me había propuesto para este año ni a pensar qué quiero conseguir para el siguiente. Sí sé qué cosas quiero que no se repitan para los próximos doce meses y también sé cuál es mi gran deseo para el próximo episodio que está por empezar de una serie que acumula ya 40 temporadas y en las que me ha tocado vivir de todo. ¿Tú te has parado a pensar qué quieres lograr en 2026? Y, ahora, de todo eso que te has imaginado, ¿qué parte crees que puedes lograr?
Yo creo que un cambio de año es como una primera cita para alguien que lleva mucho tiempo solo. De entrada, es una presión del copón, para poder cubrir todas las expectativas, que no son pocas. Porque tendemos a hacer una lista larga y completa como si los antecedentes nos acompañaran para poder ser optimistas cuando la realidad es que no solemos cumplir ni las fáciles.
Pero no te sientas mal, no estás solo. Tenemos tantas cosas que hacer en el día a día que no nos queda tiempo para ir haciendo lo que nos habíamos propuesto. Hacemos lo urgente pero no hacemos lo importante.
Y yo creo, ahora hablando en serio, que esa debería ser la clave. Priorizar lo importante por delante de lo urgente. Puede ser un buen objetivo para el próximo año con vistas no ya a cumplir más cosas de la lista, sino a dejar menos cosas sin hacer. Porque ya está bien de ponernos exceso de presión, de cargarnos con más expectativas de las que podemos soportar cuando lo importante quizás no es tanto el hacer sino el vivir.
Porque si te tuviera que decir dos deseos que me pongo para el 2026 me conformo con estos: reír y sudar muchas más veces.