El 15 de diciembre de 2025, me adelanté a escribir esta Xerradeta de Trepucó. Lo hice contenta y feliz, primero por los recuerdos que me aportaba la escritura, incluso es posible algún lector lo agradecerá.
De siempre me han gustado los cantos infantiles especialmente los villancicos. Debía tener unos tres años cuando aprendí el popular canto del «25 de desembre, fum, fum, fum», en el parvulario de las Religiosas Carmelitas, con la hermana Francisca, como la llamábamos. Ella demostró que su mundo era el convento y los niños, su cara risueña jamás se me ha borrado de mi mente. En aquella escuela escribí mi primera postal a lápiz dedicada a mis padres, aprendí de memoria la poesía, y la recité subida a lo alto de una silla, aquel 25 de diciembre. A los seis años empecé a escribir con tinta y llené la cartulina de una postal con un grabado de la Virgen María con su niño Jesús en brazos, mientras San José se los miraba ben embambat. Una divertida hilera de pastorcillos cargados con sus presentes, con gallinas para preparar un caldo calentito, se suponía que en la cueva de Belén, donde nació Jesús. Observo en el antiguo grabado otro pastoret con varios tarros de miel, y arrop. Cerca de los asistentes, varias pastoras alegran el lugar acompañándose con las zambombas y sus cantos. Dicha postal junto a otras de la época las guardo como un auténtico tesoro.
Uno de mis deseos navideños, que siempre quiero cumplir en la Nochebuena, es cantarle al Niño Dios, sentada en uno de los bancos de mi parroquia, la de la Virgen del Carmen, uniéndome al coro y a los asistentes, ya que siempre nos encanta participar. Aprovecho este artículo para felicitar al coro parroquial, organista y a su directora una encantadora mujer muy conocida en nuestra ciudad, me refiero a Paquita Llompart, la cual durante muchos años despachó la prensa, novedosos libros y cuanto tiene que ver con una librería, sin olvidar en estos tiempos las figuras en varios tamaños reproduciendo auténticos personajes de de los mejores belenes de Navidad.
Me despido con cierta urgencia, el pitido del horno me avisa que los amargos están cocidos.
Les deseo a todos que hayan tenido una feliz Navidad, que la paz, la salud, y el amor entre los humanos sean valores duraderos y siempre les acompañen.