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Los miserables

| Menorca |

A Joan López Casasnovas, con afecto y gratitud…

Los miserables son seres que, entre otras discapacidades, se muestran ineptos para poner cota a su odio, a su fanatismo y a sus desvaríos patéticos. En las últimas semanas, tanto a nivel insular como nacional, han estado muy ocupados. La primera muestra la hallaríamos en esa denuncia que una mujer ha interpuesto contra el ex presidente Adolfo Suárez por presuntos abusos sexuales cometidos entre 1982 y 1985. Es decir: cuarenta años después. Este hecho plantea ciertos interrogantes: ¿por qué la denunciante ha esperado tanto?; ¿posee algún tipo de prueba que verifique lo dicho?; ¿por qué actúa ahora y no en vida de Suárez, cuando este hubiera podido defenderse?; ¿estaremos ante una falacia encaminada a dinamitar el Espíritu del 78, ese espíritu que tanto demonizan los que, bajo su amparo y cobijo, crecieron y medraron y hoy pretenden demolerlo? La actitud de Podemos (exigiendo, sin que se haya clarificado aún el asunto, que se retiren todos los reconocimientos a Suárez y violando así la debida presunción de inocencia), parece apuntar en esa dirección, así como la vomitiva cobertura que, de esa denuncia, ofrecieron en RTVE esos periodistas sectarios metidos a marionetas del poder. ¡Y es que resulta tan fácil –y tan seguro– calumniar a un difunto! La familia del expresidente debería, ¡ya!, tomar medidas judiciales para, por lo menos, aclarar los hechos y, si se tercia, y en caso de falacia, denunciar a la denunciante por calumnias y daños al honor…

Pero los miserables continuaron con su labor. Así, los inefables Jesús Ruiz y Jesús Cintora criticaron ferozmente a Ayuso (la fijación en esa mujer por parte del Gobierno es ya patológica) y Feijoó por haber… ¡Por haber cantado villancicos en un concierto de Hakuna, un conocidísimo y aplaudidísimo grupo musical católico! ¿Será que los jóvenes que se profesan católicos, en un Estado de libertades, no pueden crear un conjunto y cantar, si se tercia, y en Navidad, villancicos? Los periodistas, cegados y bien cebados –supones- hablaron, nada más y nada menos, que de Nacional Catolicismo, de Franquismo, entre otras lindezas emanadas de un sectarismo feroz, verbalmente violento y repleto de odio. ¡Qué triste, de verdad!

Y, finalmente, un acto igualmente miserable a nivel insular. Aludes a la    oposición de la inefable y atareadísima De Medrano    a que se reconociera públicamente la meritoria vida de un buen hombre: Joan López Casasnovas. Como dijiste en la edición digital de «Es Diari», firmando, Joan fue un magnífico profesor de Lengua Castellana y defensor de su lengua materna: el catalán. Erudito, tolerante, repleto de bonhomía, luchó con coherencia y constancia por su utopía (que gracias a él dejo de serlo tanto), con las únicas armas benignas que conocía: la ciencia lingüística, la argumentación, la verdad empírica constatable y su bondad. Tuviste el inmenso honor de entrevistarle, de conocerle y de cultivar su amistad. E hiciste, haces y harás tuya una frase que tendrían que asimilar quienes, desde el analfabetismo más pueril y ridículo, creen que Menorca se defiende atacando la catalanidad lingüística. Rezaba así: «Las lenguas no se pelean, tan solo los hombres al usarlas». A lo que modestamente añadirías: al usarlas para herir y fragmentar… Una forta abraçada, benvolgut Joan!

Tal vez los periodistas tuvieran que volver a ser periodistas y no serviles criados; las acusaciones, probadas; las manifestaciones de las convicciones religiosas o de cualquier otro tipo, respetadas y la incultura rencorosa de una señora inane e infructuosa, despreciada. Impedir, como diría Anthony Shaffer, que el odio entre en vuestros corazones, porque suele hacer de ellos su triste morada…

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