Desestacionalidad es la palabra que vende, o la alternativa, o la que resta por usar para tratar dar una salida económica a la fría, más bien gélida Menorca invernal (al menos en el sector turístico). Sea como sea se trata de la palabra más utilizada en el fastuoso stand balear en FITUR. No quiero entrar en el viaje en sí, las comilonas y fiestorros que regala la imperial capital madrileña (lo dice un tío que ha trabajado años allí y que algún Fitur le ha tocado mamar... y nunca mejor dicho).
Ahora pretendemos que vengan los turistas, sea de la condición que sea, fuera de la temporada clásica, pongamos por ejemplo el enero. Y yo me pregunto ¿qué se van a encontrar dichos turistas en la Menorca invernal? Acabo de pasar hoy domingo (domingo de enero) por Fornells. Ni un sólo bar o restaurante abierto ¿quién abrirá en enero o febrero tras veranos de jornadas interminables? Dias calurosos sin descanso y trabajo estresante y agotador.
Desvío mi atención del desolado pueblo antaño de pescadores para mirar al mar y ver cinco largos negros «dedos» flotantes penetrando en él. Se trata de los flamantes nuevos pantalanes para embarcaciones de recreo (para millonarios y pocos lugareños en principio, aunque ese es otro debate perdido). Observo que están todos vacíos, blindados. Descuelgo un teléfono y llamo a un amigo que lleva años con negocios náuticos en la zona. Me comenta que están cerrados y que no se van a abrir hasta mayo. Luego se cierran a principios de octubre. Parece esa es la política que van a seguir quien manda, gestiona y dictamina.
Así pues, ¿qué desestacionalidad se pretende si, por ejemplo las embarcaciones no pueden estar en el agua? ¿qué restaurante, tienda o bar va arriesgarse a abrir sus puertas con las cargas económicas que comporta? ¿Hay conexiones suficientes aéreas o marítimas en invierno con la península o el extranjero? «Oye, fuí ayer a Fornells y muy bonito, pero, no había nada abierto. Parecía un pueblo fantasma». Eso le decía un hombre de mediana edad a otro (un compañero de profesión, médica, por lo que me pareció entender) el otro día en una mesa del mítico bar Imperi de Ciutadella (por cierto, de los pocos abiertos por la zona).
Nos fuimos porque no había nada que hacer. «Pues no has visto nada, le contestó su colega local, el anfitrión: Aquí en la isla se trabaja a destajo en verano, y luego a vivir. La gente lo hace así».
Pues así es amigos, o mucho cambian las cosas, o me temo que seguiremos cómo hasta ahora. Estamos acostumbrados a ello. Pero es que, el que se quiera desacostumbrar, el que quiera hacer caso al lema que nuestros políticos escampan por Madrid, debe ser un valiente, ¿qué digo un valiente? Un Quijote por Fitur, tan despistado ante el discurso político como lo fue el caballero de la Mancha ante sus molinos imaginarios. Hay la imaginación... ¿hasta dónde nos puede arrastrar?