En los últimos años, el interés por el consumo de alimentos fermentados ha crecido notablemente, situando al kéfir como uno de los productos más recomendados para mejorar la salud intestinal. Sin embargo, la doctora Sara Marín ha aclarado en sus redes sociales que, aunque el kéfir tiene múltiples beneficios, no está indicado para tratar enfermedades concretas porque carece de cepas específicas presentes en los probióticos en cápsulas.
Por lo tanto, no es un sustitutivo directo de los suplementos probióticos farmacéuticos, que sí cuentan con bacterias seleccionadas y dosis controladas para afecciones específicas como la diarrea inducida por antibióticos o el síndrome del intestino irritable. Este dato cobra especial relevancia para quienes buscan soluciones naturales, aunque la medicina basada en evidencias sigue recomendando productos con cepas identificadas para ciertos problemas.
El kéfir es una bebida fermentada que contiene una mezcla mixta de bacterias y levaduras que actúan de forma generalizada sobre la salud. Gracias a esto, puede colaborar con la reducción de la inflamación intestinal, la mejora del tránsito digestivo y el bienestar psicológico, aspectos que inciden en la reducción de barriga o hinchazón abdominal.
Este producto fermentado destaca por presentar una mayor variedad microbiana que otros lácteos fermentados como el yogur, con una combinación de diversas cepas bacterianas y levaduras beneficiosas. Esta diversidad puede favorecer la protección y regeneración de la mucosa intestinal, cuya alteración puede provocar una pérdida de la barrera intestinal, fenómeno conocido como intestino permeable. Cuando la mucosa intestinal se debilita, sustancias tóxicas o inflamatorias pueden pasar a la sangre, generando inflamación sistémica y contribuyendo a distintas enfermedades crónicas. Consumir kéfir puede ayudar a fortalecer esta barrera y reducir la inflamación local y generalizada.
Beneficios del kéfir para la salud mental y digestiva
Más allá de la salud intestinal, se ha demostrado que el kéfir puede influir positivamente en el eje intestino-cerebro. Según la doctora Marín, la ingesta frecuente disminuye la neuroinflamación, es decir, la inflamación del sistema nervioso central que puede generar ansiedad y depresión. Esto es posible gracias a la comunicación bidireccional que existe entre el intestino y el cerebro, donde los microorganismos beneficiosos del kéfir modulan el estado de ánimo y alivian síntomas relacionados con el estrés gracias a la mejoría en la digestión y en la absorción de nutrientes esenciales.
Además, para quienes sufren intolerancia a la lactosa, el kéfir puede resultar una opción más tolerable. Esto es porque la fermentación reduce la lactosa presente en la leche y facilita su digestión. También puede colaborar en el fortalecimiento del sistema inmunitario, especialmente si se combina con vitamina D, considerada fundamental para una respuesta inmune adecuada.
A pesar de sus beneficios, el kéfir no es un remedio universal. No contiene cepas aisladas ni dosis controladas para tratar patologías concretas. En caso de antibióticos o enfermedades intestinales específicas, las cápsulas con Lactobacillus rhamnosus GG o Saccharomyces boulardii son las más recomendadas y con eficacia demostrada. Del mismo modo, en trastornos como el síndrome del intestino irritable, se priorizan cepas específicas como Bifidobacterium longum 35624 que el kéfir no puede garantizar. Además, personas con sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado (SIBO) o intestino irritable podrían experimentar empeoramiento de sus síntomas al consumirlo.