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La historia del Château Miraval, el castillo francés que siguen disputándose Brad Pitt y Angelina Jolie

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No fue hasta el 31 de diciembre de 2024 que acabó por ratificarse el divorcio entre Brad Pitt y Angelina Jolie, si bien habían pasado desde entonces ocho años desde que, en septiembre de 2016, anunciasen su separación. Es decir, que este 2026 se cumplirá una década desde una de las rupturas que más han dado que hablar del star system hollywoodiense. Una, además, que no cesa de protagonizar titulares. No solo porque de un tiempo a esta parte sus seis hijos en común hayan decidido romper sus lazos paternales, algunos incluso quitándose el apellido Pitt, sino también por un lugar que todavía sigue siendo el centro de una gran disputa legal: el Château Miraval.

Situado en el pueblo de Correns, en la región de Provenza, al sureste de Francia, dicen que la entonces pareja se enamoró de él tras sobrevolar la finca en helicóptero, decidiendo hacerse con ella en 2008. Primero como un alquiler con opción a compra y más tarde convirtiéndose Angelina Jolie y Brad Pitt de facto en los propietarios, poniéndola en el mapa especialmente a raíz de su boda en 2014, puesto que fue allí donde se celebró.

La magna residencia señorial construida en piedra está emplazada en el corazón de unos terrenos que abarcan alrededor de 500 hectáreas de un excelso paraíso mediterráneo, rodeado de viñedos y olivares, así como de varios jardines. Unas vistas edénicas y bucólicas cuya historia, de alguna forma, explica también que se haya convertido en la razón de su actual litigio, sin olvidar, claro, que se trata de un negocio millonario, ya que gracias a su producción de vinos de lujo el complejo está valorado en unos 160 millones de dólares, aproximadamente 137 millones de euros.

Recientemente se supo que, como puntualizan desde Vanitatis, la venta de la participación de Jolie al grupo Tenute del Mondo, una filial de Stoli Group se había concretado, si bien ello no significa que la propiedad haya dejado de estar bajo un complejo reparto accionarial, con el actor y productor de 62 años controlando el 50% del total, Stoli Group un 40% y el 10% restante permaneciendo gestionado por un interventor judicial mientras llega la resolución final en tribunales de las múltiples demandas que se han interpuesto los excónyuges, en especial aquella con la que Pitt afirmó que Angelina había violado los acuerdos de venta —es decir, cuando el conglomerado citado adquirió la parte de la actriz y directora—.

Porque se trata de un enclave histórico. No solo viticultores, sino incluso artesanos y artistas han utilizado aquellos parajes como inspiración o para perfeccionar su técnica. Vino y aceite, sin ir más lejos, se han elaborado desde el siglo XIII, la época en la que se levantó el monasterio y se plantaron las primeras vides, si bien ya en época romana se conocía que dicha zona era inmejorable para el cultivo y para los baños, de ahí que la vía Aurelia, una de las principales rutas de acceso a Roma, atravesase aquellos territorios. Eso sí, la nobleza francesa no llegaría a la finca hasta el siglo XV, si bien es a mediados del XIX cuando Joseph-Louis Lambot, inventor del ferrocemento —que daría lugar al hormigón armado—, se instala en la propiedad, siendo el responsable de la construcción de su enorme bodega.

Y eso había que sumárselo a sus 35 dormitorios, sus increíbles salones, sus fuentes, su capilla, su foso ornamental, sus terrazas de piedra y hasta un bosque de robles que circunda la vivienda, la cual mezcla la antigüedad europea y rústica del sur francés con toques más modernos, desde vigas de madera expuestas a amplios espacios luminosos para aprovechar su privilegiada ubicación. Entre las susodichas restauraciones, mejoras y añadiduras al castillo hay que mencionar, por fuerza, un nombre, el del pianista francés Jacques Loussier, dueño del Château Miraval desde finales de los años 70 hasta principios de los 90, y que fue la persona que decidió incluir en la propiedad un estudio de grabación.

Porque Miraval era ya famoso mundialmente hablando antes de la llegada de Brad Pitt y Angelina Jolie —y de que decidieran entonces producir su codiciado vino rosado—. El objetivo de Loussier con e estudio no era solo poder producir sus propios trabajos sino invitar y acoger a otros artistas para que hicieran lo propio. Y así, la lista de grupos y músicos que pasaron por sus estancias podría dejar boquiabierto a cualquier melómano. De Queen, Sting o The Cranberries a The Cure, Elton John, AC/DC, The Cure, UB40, los Gipsy Kings o Wham!, cuya visita, capitaneada por George Michael y Andrew Ridgeley, se puede ver en el documental que Netflix realizó en 2023 sobre la historia de la banda.

Pero el Studio Miraval tiene en su haber, sobre todo, haber sido el epicentro de la creación de un disco legendario. Porque en 1979 Pink Floyd se mudó durante una época a ese lugar en el sur de Francia para crear quizá su más famosa ópera rock, que daría pie incluso a una película. The Wall vio la luz en el Château Miraval y puso en el mapa el lugar. De hecho, su siguiente propietario, el enólogo estadounidense Tom Bove, bautizó Pink Floyd a su rosé una vez compró la propiedad en 1993. Y no solo eso, sino que modernizó las instalaciones de la bodega y añadió varias comodidades: un spa, dos gimnasios y una piscina cubierta.

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