El iceberg A23a era, hace apenas un año, el más grande del mundo. Con una superficie de 3.500 km2, tenía aproximadamente el tamaño de la toda la isla de Mallorca. Pero este gigante de hielo tiene los días contados y su desaparición es inminente.
Tal y como recoge la BBC en un reportaje, el iceberg A-23A se desprendió por primera vez de la barrera de hielo Filchner de la Antártida en el año 1986. Cuarenta años después, este enorme iceberg tabular —uno de los más grandes y longevos jamás rastreados por los científicos— está cubierto de agua de deshielo azul y al borde de la desintegración total mientras se desplaza a la deriva en el Atlántico Sur, entre el extremo oriental de Sudamérica y la isla Georgia del Sur.
El declive ha sido rapidísimo: estimaciones del Centro Nacional de Hielo de EEUU situaban su superficie en 1.182 kilómetros cuadrados a principios de enero de 2026, tras la ruptura de varios fragmentos considerables en julio, agosto y septiembre de 2025 y al adentrarse en condiciones cálidas en diciembre.
Cuando el MODIS (Espectrorradiómetro de Imágenes de Resolución Moderada) del satélite Terra de la NASA capturó una imagen de lo que quedaba del iceberg inundado el 26 de diciembre de 2025, se podían ver extensos charcos de agua de deshielo azul en su superficie.
El declive es tan intenso que ahora se estima que tiene solo 180 km2 de superficie, por lo que en unas semanas se prevé que desaparezca.
Durante la primera mitad de 2025, el iceberg A23a se redujo aproximadamente una cuarta parte, después de que se desprendieran varios trozos de hielo y las aguas oceánicas erosionaran sus costados y base. A mediados del año pasado, A23a ya no era como el iceberg más grande del mundo.
A partir de agosto, varios trozos de gran tamaño se desprendieron del A23a en rápida sucesión; icebergs lo suficientemente grandes como para recibir sus propios nombres: A23g, A23h y A23i.
Los científicos advierten de que el desprendimiento y desaparición de los icebergs más grandes, como el A23a, es un fenómeno natural y no necesariamente resultado del cambio climático, aunque en algunas partes de la Antártida se están desprendiendo icebergs a una velocidad mayor a la que el hielo puede ser reemplazado.
Una vez que alcance aproximadamente 70 km2, los científicos dejarán de rastrearlo. Este momento está "muy cerca", dicen los expertos, en cuestión de semanas.