El catedrático de la UIB y consejero del Banco de España, Carles Manera, es uno de los autores elegidos por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) para la elaboración del tercer volumen de la ambiciosa obra ‘España 2025: Estructura y Cambio Social’. Abre el libro con un capítulo en el que analiza la reciente evolución económica de España.
Desde 2020 la economía española va sal alza. ¿Cuál fue el primer motor de esa recuperación?
El principal motor de la recuperación es el papel que ha adoptado el sector público en la economía: una apuesta clara para estimular mediante todo tipo de ayudas a una economía que salía de un, digamos, coma auto-inducido. ERTE’s, subvenciones, apoyo a las empresas, revisión de calendarios fiscales…todo, además, con el soporte de la Unión Europea. Esto es lo que ha permitido activar las ruedas de la economía privada.
El modelo español sigue muy centrado en los servicios. ¿Es hoy una fortaleza o un lastre para el futuro?
Los servicios se han «demonizado» en exceso. Pero en la economía española este sector se está diversificando. De hecho, observamos el crecimiento, por ejemplo, de las exportaciones de servicios no turísticos, que enlazan con actividades relacionadas con la economía del conocimiento, entre otros aspectos. Son, por tanto, una fortaleza que debe ser repensada con una estrategia: diversificando esos servicios.
Turismo y exportación de servicios sostienen buena parte del crecimiento. ¿Hasta dónde puede llegar ese modelo sin agotarse?
La actividad turística es sólida: el ocio es una conquista de las sociedades occidentales, y viajar constituye un factor fundamental. Ahora bien, esta actividad provoca disfunciones importantes en sus espacios de acogida: congestión, saturación, impactos ecológicos, efectos llamada en la demografía, etc. lo cual obliga a considerar acciones que contengan esos efectos. En tal sentido, se trata de contener el crecimiento en determinados parámetros: consumo de agua, de emisiones, de generación de residuos, de ocupación de espacios físicos (rurales, por ejemplo).
El empleo ha resistido mejor que en otras etapas de crisis. ¿Qué explica este comportamiento tan sólido del mercado laboral?
Básicamente la reforma laboral reciente: ha supuesto la consolidación del empleo y, lo que resulta determinante, la reducción del paro juvenil, que estaba en cotas superiores al 50%; ahora está prácticamente en la mitad. Esto explica la cifra record de afiliados a la Seguridad Social, con un mensaje que debe ser nítido: no hay quiebra del sistema de pensiones. Esto lo acaba de reconocer la AiRef a través de su presidenta, en sede parlamentaria, el 18 de noviembre.
Usted habla de un «triplete» de resiliencia económica: especialización en servicios; apertura/exportaciones de servicios/turismo; menor dependencia industrial tradicional. ¿Cuál es, en su opinión, el pilar que más pesa ahora mismo?
Ahora pesa mucho, en la estructura económica de España, la importancia de los servicios turísticos (que suponen cerca del 14% del PIB). Pero, insisto en esto, observamos un fenómeno relativamente nuevo, como ya he comentado: el avance de los servicios no turísticos, que denotan la diversificación económica que se está produciendo.
La productividad sigue siendo un reto histórico. ¿Dónde están, a su juicio, los nudos que impiden mejorarla?
El tema de la productividad constituye un debate relevante en la economía actual. Se reitera, desde diferentes ámbitos, que estamos ante una productividad mediocre o baja. Pero también se está discutiendo, en el mundo académico, cómo medimos la productividad. Y aquí, en el marco de esa reflexión, surgen discrepancias entre los economistas. Hemos hecho, con mi equipo, investigaciones concretas sobre el tema, con resultados sorprendentes: la productividad en el sector servicios es más elevada de lo que se supone. Y eso atañe, también, al sector turístico.
Cuando hablamos de inversión, ¿Qué tipo de proyectos , públicos o privados, son realmente urgentes para transformar la economía?
Los proyectos digamos que «tractores»: infraestructuras relacionadas con la movilidad. Pero, igualmente, aquellos proyectos que alimentan lo que en su día denominé como «infraestructuras silenciosas»: investigación, innovación, conocimiento, educación, sanidad, servicios sociales. Sectores cuaternario (I+D+i) y quinario (servicios sociales estratégicos: educación, sanidad) de la economía. Sin esto, resulta complicado cambiar una pauta de crecimiento.
Se insiste en diversificar el modelo productivo. ¿Qué nuevos sectores o actividades ve con capacidad real de crecimiento en España?
Sectores como la biotecnología, la robótica, la biomedicina, las industrias agroalimentarias, las energías renovables, constituyen factores concretos que van en una nueva dirección: afectan a la vez al cambio demográfico y a procesos de transición energética. Son elementos clave. Y aquí hay recursos del Next Generation para afrontarlos.
¿Qué reformas institucionales considera inaplazables para que el país gane eficiencia y competitividad?
Aquellas que faciliten una mayor conexión con el espacio de la Unión Europea, y que allanen los procesos en la toma de decisiones: las reformas que agilicen los procesos en las administraciones constituyen un elemento a tener en cuenta. Esto no significa realizar una reforma en el sector público que «elimine» personal; al contrario, supone mejorar lo que se está haciendo. Tenemos dos indicadores que son claves, a partir de datos de Eurostat: menos trabajadores públicos en relación a la eurozona; y menos presión fiscal sobre PIB en relación a la eurozona. Es decir, la economía pública tiene margen de maniobra para mejorar los procesos institucionales.
En su análisis sitúa a España dentro de un entorno europeo complejo. ¿Cómo está condicionando ese contexto nuestra evolución económica?
La Unión Europea ha sido y es fundamental para España. Lo hemos visto en la COVID: la conexión de España con la Unión Europea ha supuesto mejoras para nuestra economía. Al mismo tiempo, el crecimiento económico español (cuatro veces superior a la media comunitaria), también está enseñando algo en la Unión Europea: que es posible mantener un crecimiento con una mejor distribución de la renta. Esta es una pieza crucial.
Su mirada histórica le permite comparar ciclos largos. Gramsci decía que la historia enseña pero no tiene alumnos. ¿Qué lecciones del pasado seguimos sin aplicar?
Que desunidos somos más vulnerables. Esta es una enseñanza de la historia económica, junto a muchas más que desgraciadamente no se tienen en cuenta.
Usted afirma que el debate ya no es si crecemos, sino cómo y para quién. ¿Cómo hacer que las buenas cifras macroeconómicas lleguen al bolsillo de los ciudadanos y alivien el coste de la vida?
A través de mejores herramientas redistributivas: una renta básica, por ejemplo. Pero, además, con la profundización en una política tributaria progresiva. Bajar impuestos no es, en tal sentido, la receta más adecuada para conseguir que lo que se gana en lo macro llegue a lo micro.
Un subvencionados hablando de riqueza