Como si de un 'hotel' más de Mallorca se tratara, el interior de la antigua cárcel de Palma da cobijo a cambio de una cantidad económica a quien pueda permitírselo en un contexto que entremezcla la marginalidad y la emergencia habitacional. Porque dentro del recinto penitenciario, cuyo futuro pasa por un derribo que de paso a viviendas que el Ajuntament de Palma quiere destinar a un uso social prioritariamente, habitan personas, familias y perfiles variados de nacionalidades diversas. Lo hacen entre algún perro suelto, una comunidad incontable de gatos y, lo más llamativo, ratas de enorme tamaño que no resultan difíciles de encontrar.
Por un precio máximo que se estima en 350 euros, se puede vivir en una de las estancias que se han distribuido en algunos de los módulos del recinto, especialmente los más alejados del viejo acceso principal por la carretera de Sóller, concretamente la que linda con el colegio próximo y un centro veterinario, permitiendo un acceso libre durante las 24 horas por una gran puerta reventada. Las antiguas viviendas, okupadas al igual que el resto del recinto, quedarían fuera de esta 'oferta' ilegal de vivienda.
La muestra de esta actividad se observa en las obras que se han realizado en uno de los flancos del centro penitenciario, donde se observan puertas metálicas, tapiados en las paredes y, en el interior ya del recinto, suelos perfectamente embaldosados. Botes de pintura delatan que se han adecentado también las paredes y techos del interior iluminado con focos que se alimentan, al igual que los teléfonos móviles, a través de una placa solar visible desde el pasillo que separa el muro y el edificio principal. El acceso a la red de agua resulta imposible desde el exterior, tirando de las fuentes públicas próximas para abastecerse.
Trabajos
Un grupo de argelinos se encarga de la reforma del interior de la cárcel abandonada y la gestión del 'hotel', trabajando de manera discreta en las entrañas del obsoleto y ruinoso recinto. Se cree que alguno de ellos, con experiencia y habilidades en tareas de la construcción, había trabajado ya en las obras también ilegales y polémicas llevadas a cabo en el poblado de Son Banya. Incluso se vincula a algunos de los que ahora residen uno de los costados de la prisión abandonada con el polémico grupo 'El Caserío 24/7', con el que ya no tendrían relación.
Este colectivo de jóvenes norteafricanos habría protagonizado recientemente una importante pelea con otro de colombianos, instalado en uno de los extremos de la vieja cárcel, en cuyas garitas de vigilancia (las cuatro de las esquinas) residen también personas, una de ellas relacionada con el grupo de sudamericanos, a quienes se les recriminaba los ruidos que emitían y las fiestas que llevaban a cabo en el recinto, con asistencia incluso de menores -como pudo comprobar Última Hora en una visita a la destartalada prisión-. Todo ello colmó la paciencia de los argelinos y estalló así un conflicto que se suma incendios y otros problemas de incivismo e inseguridad que se han sucedido en varios módulos.
Ese conflicto provocó la separación de espacios, perfectamente delimitados, aunque en el sector controlado y habitado por colombianos también se podrían estar alquilando espacios a personas que necesitan un techo para vivir. En el interior de la antigua prisión de Palma existe un sistema de control de los accesos de manera permanente, vigilando que no se cuele nadie -las puertas, en la zona de los argelinos, tienen cerradura- y que quien lo haga esté al corriente de pago.
«Si me echan, me quemaré ante el ayuntamiento»
Más allá de la okupación y explotación del interior de la cárcel como espacio residencial, además de los antiguos edificios colindantes, se han okupado estancias próximas al acceso principal, próximas a los mayores focos de insalubridad, que se concentran tras la puerta de la carretera de Sóller. En esos pequeños habitáculos viven también norteafricanos hacinados y en condiciones higiénicas de mínimos, que se agravan en el interior, en los patios rodeados por los módulos y en los que se amontonan kilos de residuos.
Preguntados por esa oferta ilegal de residencia en el interior de la vieja cárcel de Palma, un grupo de argelinos lo niega y asegura que lo hacen para vivir ellos mismos. «Mejor aquí que en la calle, aquí no molestamos a nadie», aseguran. Y sobre el cada vez, parece, más próximo desalojo le restan importancia y uno de ellos no duda en afirmar que «si me echan, me quemaré vivo ante el ayuntamiento».
El futuro
Mientras el tiempo pasa, el futuro de la vieja cárcel de Palma sigue en el aire. Lo único que parece claro es que en 2026 el Consell de Mallorca iniciará las obras del nuevo acceso a la Vía de Cintura a través de una rotonda desde las proximidades de uno de los flancos del recinto, en la calle Alfons El Magnànim, que será derribado y, antes, desalojado.
Desde Cort se estima que son unas 200 personas sin hogar las que habitan en los diferentes módulos y estancias de la vieja prisión, aunque la falta de control y el acceso permanente durante los 365 días del año hacen que la cifra pueda elevarse, llegándose a hablar según algunas fuentes, de hasta cerca del doble de esa cifra de habitantes.
Su presencia ha generado enorme inquietud y una sensación de inseguridad creciente entre los vecinos de barriadas contiguas, como Cas Capiscol o, especialmente, el Amanecer. Allí, los residentes han denunciado su presencia vigilando las viviendas e incluso un aumento en el número de robos y delitos contra la seguridad pública. Y apuntan directamente a los okupas de la vieja cárcel, muchos de los cuales merodean por las calles próximas buscándose la vida.
Mientras tanto, la vida sigue en el interior de la antigua cárcel de Palma, donde la decoración navideña aparece en las antiguas protecciones de seguridad e incluso un Papá Noel cuelga de la que era una de las celdas.
Pero como puede pasar esto??!! Si PP y Vox prometieron en campaña poner orden acabar con la delincuencia... 😂😂🤣🤣🤣😂😂