Febrero de 2008. Llorenç Marquès (Ciutadella, 1979) se sienta en una mesa del Cercle Artístic con vistas al puerto para hablar de su música. La publicación en YouTube del videoclip «Valent salvatge» y el interés que despertó en el panorama local fue la chispa que animó al artista conocido como Leonmanso a compartir su particular universo en el suplemento «Culturàlia» de «Es Diari». Casi dieciocho años después, vuelve a esa misma mesa para hablar de su nuevo disco, «Monstre final», que el próximo viernes verá la luz, y repasar también su trayectoria, que arrancó en 2010 con «Rinosaure».
«Compartir mi parte más creativa es algo que ha evolucionado de una forma muy natural, no ha habido nada forzado. El camino ha seguido su ritmo y ahora, de repente, llega el cuarto disco. Pero es algo que no me imaginaba en el primer momento», explica. La música fue lo primero, pero desde entonces también se ha atrevido con la publicación de un libro de textos y letras («Tot està escrit») y este 2025 ha probado en el teatro, acompañado de su guitarra, en la obra «El covard». «No lo puedo diferenciar de sacar un disco, simplemente es una parte más de lo que hago y encaja con mi deseo de compartirlo», reconoce.
Con una periodicidad de, más o menos, cuatro años, el músico ha ido publicando discos, pero este último se ha hecho esperar bastante. El anterior, «Escolta com sona el teu pols», vio la luz en 2018. La pandemia tuvo en parte la culpa, periodo durante el que mantuvo el contacto con el público con el lanzamiento de dos volúmenes de rarezas en Bandcamp («Contes pendents»). El momento de su esperado regreso ha llegado por fin con una colección de nueve canciones con su sello inconfundible, pero también algunas diferencias.
El perfil de cantautor deja espacio a un proyecto en el que los miembros de la banda han jugado un papel de mayor peso, y el toque más folk de los inicios da paso a un sonido algo más rock. Le acompañan en esta aventura Martí Genestar (guitarra eléctrica), Josep Bagur (bajo) y David Marquès (batería). Si en otras ocasiones había contando con la figura de un productor, en esta se puede decir que estamos ante una labor más compartida. «Todas las canciones salían de una guitarra y mi voz, pero no había ni una idea preconcebida de cómo debía ser, sino que era algo para poner en común con el resto», explica, «las melodías, los textos y las canciones se han pegado a un estilo concreto de música sin forzarlo, de forma natural».
Esa sensación de proximidad y confianza, reafirmada por el apoyo de una discográfica local como Velomar Records, con Quim Torres al frente, es una de las claves del nuevo trabajo: «Ellos me conocen, me dan cancha para expresarme de la forma que quiero hacer las cosas, saben que es la manera en la que rindo y fluyo más. La confianza es importante y el factor humano es vital», reconoce sobre el trabajo colectivo.
Si en lo musical hay un ligero giro, en las letras el proyecto mantiene la esencia. En «Monstre final» vuelven a brillar las historias, si cabe con un toque más filosófico que antes. Un universo el de Leonmanso que se nutre de fuentes muy variadas, pero que se basa en una clave: «Parar un momento y contemplar. Observar, crear y compartir es una experiencia muy agradable, una sensación muy grande», reconoce. «Compartir algo que hago y que eso pueda llegar a ser importante para los otros para mí es definitorio», añade.
El comentario viene al hilo del feed back recibido tras el lanzamiento la semana pasada de «Meteorit», el primer single: «Hay muchas cosas necesarias en este mundo y vuestra música es una de ellas», le dijo alguien. Auténtica gasolina para un proyecto en el que Leomanso ha puesto mucho esmero y tiempo. Un trabajo con muchas capas, en el que el orden de los temas está muy estudiado como hilo narrativo, desde «S’enigma des cocodril albí» hasta el «Monstre final» que cierra el álbum.
Agradecimiento infinito
Un trabajo que tiene en su interior varias dedicatorias y una muy especial: esas «gracias infinitas» a Sente Fontestad, músico, amigo y mentor que falleció ahora hace dos años. «Siempre me apoyó, desde el principio, y me hizo sentir que me ayudaba porque me apreciaba, porque me quería. Tenía esa sensación de que no me abandonaría nunca», rememora sobre una figura que ha colaborado «activa, emocional y humanamente» también en este disco que ahora ve la luz. «Cuando ya no se encontraba bien, envió a un familiar con un sobre con dinero y un mensaje: ‘Sente quiere que tengas esto y que sea para tu nuevo disco’. Esa ha sido una de las fuerzas que me movieron para decir que este cuarto iba a salir sí o sí».
Con el álbum a punto de ser compartido, en versión digital y también física, en la que destaca el diseño artístico de Pinxo, «Monstre final» cobrará vida en directo el próximo 20 de diciembre en el Teatre del Casino 17 de Gener, la primera cita de una gira de la que se anunciarán más fechas y que en enero recalará en la sala Razzmatazz de Barcelona.