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Peggy Audval: «La Isla debería evolucionar, pero no cambiar»

Profesora de idiomas, conoció Menorca 25 años atrás y alude a buscar el equilibro para presevar su esencia

Peggy Audval, durante su intervención en el Foro este martes | Foto: Gemma Andreu

| Menorca |

Afincada en Menorca desde hace un cuarto de siglo, Peggy Audval es profesora de francés y castellano. En 2001 encontró en la isla su «hogar y refugio» sin saber, como turista, «que encontraría una vida entera».

Dejó claro su objetivo desde el principio de la conferencia, «compartir algo auténtico». Hablar de su experiencia y de su mirada desde dentro. Reconoció que «había crecido como mujer, madre y persona», aprendiendo «un nuevo idioma, una nueva cultura» y a querer a esta tierra «como si fuera suya».

Enamorada de su «su gente normalmente alegre y despreocupada», de su «discreción» de la «indulgencia del pueblo menorquín» al acogerla como extranjera y «tener paciencia».

Así, con la filosofía del «a poc a poc i... en bones», demostró ser «testimonio de los numerosos cambios en Menorca» desde su llegada. Los enumeró en primera persona, con la paz de sentirse una menorquina más: «Crecimos en infraestructuras, como por ejemplo con el Mateu Orfila...».

También hizo referencia a la cultura, «cada vez más cercana», al hecho de que «muchas casas abandonadas» hayan recobrado vida, a las «nuevas marcas comerciales que se han instalado para bien o para mal y a veces a cuenta de comercios locales», así como de las personas «que quieren hablar francés».

No dejó de lado, pero, la palabra «gentrificación», que afimró que ya se puede aplicar «de manera atenuada en Menorca».

Apuntó al incremento del número de visitantes, y la «preocupación por la saturación turística», por parte de los menorquines. Señaló a la «alta demanda turística y al oportunismo inmobiliario» que «han encarecido enormemente los precios de alquiler y compra en los últimos años, dificultando el acceso a la vivienda para los redientes locales». Asimismo, puso en el punto de mira la «sobrecarga de las infraestructuras», como las carreteras y los centros sanitarios, que durante la temporada «afectan a la calidad de vida de los habitantes».

No huyó tampoco de hablar del turismo francés, del «comportamiento individual de cada uno» y de la «frustración» que expresan los menorquines por «algunas actitudes irrespetuosas». Audval consideró que se tratan de «actos más bien aislados», a su vez matizó que «no es un problema ni único ni exclusivo del turismo francés, sino parte de un debate más amplio sobre cómo gestionar el turismo». Por ello, apeló a «buscar un equilibrio», a que Menorca «evolucione, pero que no cambie y que los menorquines puedan seguir disfrutando».

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