Significados miembros de la Iglesia Católica en Menorca desempeñaron un papel clave en la oposición al franquismo al acoger encuentros clandestinos en las parroquias y participar activamente en estas reuniones.
Pero no es la Iglesia-institución, sino sacerdotes de la diócesis, entre los que sobresale Josep Seguí Mercadal. A principios de los setenta se celebran en la sacristía de la parroquia del Carme de Maó las sesiones de la «Pía Unión de Santa Teresita». Según Joan F. López Casasnovas, «son reuniones clandestinas de grupos de trabajadores y personas de izquierdas, la mayoría de inspiración marxista, algunos de ellos afiliados al Partido Comunista».
Aquella «Pía Unión», nombre que empleaban los opositores al Régimen para escapar al control de la policía franquista, era un caldo de cultivo para el debate político y la concienciación social.
La oposición al franquismo en Menorca empezó antes. En febrero de 1969, tras ser decretado el estado de excepción, se llevan a cabo registros en los domicilios de Joan Pons Moll, Joan Mercadal y Llorenç Pons Capella, en Maó; así como en los de Ramon Orfila y Josep Sintes Abril en Es Mercadal. Tras el asesinato del general Carrero Blanco, en diciembre de 1973, son detenidos varios menorquines, la mayoría en Ferreries, que ingresan en prisión.
El obispo Miquel Moncadas
En febrero de 1969 fue ordenado obispo de Menorca el mallorquín Miquel Moncadas Noguera, cuyo mandato en Menorca sufre las tensiones y complicaciones que surgen con el final del franquismo. Una etapa difícil, con dudas, incomprensiones y contrariedades. El nuevo prelado aporta gestos innovadores, como la llegada a Menorca en lancha, con desembarco en Cala Galdana, pero sufre las contradicciones entre el clero preconciliar, marcado por la persecución y los asesinatos de la Guerra Civil 1936-1939, y los presbíteros progresistas que propugnan un cambio radical y una Iglesia más comprometida con los trabajadores y los pobres.
El obispo Miquel Moncadas, que soportó numerosas presiones y críticas, incorpora a Josep Seguí al Consell Presbiterial de Menorca, junto con Jaume Cots, Joan Febrer, Rafel Oleo, después vicario general, y Francesc Anglada. También formó el equipo parroquial del Carme de Maó, integrado por los sacerdotes Bartomeu Febrer, Xavier Moll y Josep Seguí, distinguido en 1995 con la Medalla de Oro de Maó.
El nombramiento del cardenal Tarancón como presidente de la Conferencia Episcopal (1971) refuerza las corrientes progresistas, con las que sintoniza el obispo de Mallorca, Teodoro Ubeda. En 1972, Alfonso Carlos Comín dirige unas jornadas en la Escuela de Teología de Menorca en las que afirma que «si el cristiano tiene en cuenta el Evangelio, se dará cuenta de que el marxismo es la más auténtica de las opciones políticas». Esta frase cae tan mal a Moncadas que, pocos días después, dice «sentirse triste y avergonzado de sentarme en la misma silla desde la cual el señor Comín ha atacado la Iglesia y ha hecho política de partido».
La multa a Bosco Faner
Menorca vive una gran tensión social por la multa de 300.000 pesetas impuesta al sacerdote Bosco Faner, de 27 años, por una homilía pronunciada el 30 de agosto de 1975 en Alaior.
Las últimas ejecuciones ordenadas por el Generalísimo, en septiembre de 1975, con el fusilamiento de tres miembros de FRAP y dos de ETA, provocan una avalancha de protestas. El 9 de octubre se celebra una manifestación en el Gobierno Militar de Menorca por el asesinato de agentes de la Guardia Civil. El acto es una arenga patriótica en la que intervienen el delegado del Gobierno, Pedro Pons Coll; el gobernador militar, general Manuel Parrizas Romero; y el gobernador civil, Carlos de Meer, desplazado exprofeso a la Isla.
«Los españoles podemos tolerar muchas cosas, pero ninguna de Suecia, cuyo jefe de gobierno, es homosexual», dice de Meer, quien añade: «nos entristece que desde algunos púlpitos de esta Isla se difundan ideas separatistas y ataques al Jefe del Estado».
‘Curas rojos’
Tras la muerte de Franco, se produce el trágico fallecimiento del sacerdote Gabriel Pons Jover. El director del «MENORCA», Mateo Seguí Mercadal, describe los hechos: «al llegar a la puerta de la iglesia se encontró con una inscripción que decía ‘rojos’, y una cruz gamada a la derecha. Al acabar de distribuir la Eucaristía, salió por la puerta lateral, revestido aún con el roquete y se encontró con otra pintada que decía 'Muerte a los curas rojos', sorprendiéndole la muerte con las dos manos apoyadas sobre este letrero que no se sabe si intentaba borrar o fue para sostenerse con la pared, al sentirse fulminado por la crisis mortal».
Curas que ejercían de políticos de la izquierda radical y propagaban el bulo supremo de la ficción de una República que habría sido una especie de Arcadia feliz, con una autocomplacencia (mas narcisista que “progresista”) ante las presuntas maravillas de la experiencia republicana que terminó desembocando en el mas rotundo fracaso de la convivencia: la Guerra Civil. La nula capacidad autocrítica de los apologistas del periclitado experimento político, les impidió reconocer nunca lo que se hizo mal. Ya que, obviamente, algo debió de fallar a la vista de los resultados. Sería interesante que, para empezar, explicaran porque tantos republicanos de la primera hora, terminaron por apoyar a Franco. Y porqué los mas destacados pensadores que habían contribuido con su apoyo intelectual a traer la República: Ortega, Unamuno, Pérez de Ayala, Marañón y otros se sintieron tan pronto defraudados. Existen docenas de citas en que la opinión de eruditos republicanos, permite relegar al terreno de la propaganda, la imagen platónica de la II República que se intenta difundir. Entre la famosa frase “no es esto, no es esto”, pronunciada por Ortega antes de que acabase 1931 y el artículo publicado por Unamuno en “Ahora” el 3-7-1936: “Cada vez que oigo que hay que republicanizar algo me pongo a temblar, esperando alguna estupidez inmensa...Los mas de los que votaron la República ni sabían lo que es ella ni sabían lo que iba a ser “esta” República. ¡Que si lo hubiesen sabido!”.