Números para alumbrar una triste realidad que se esconde bajo tierra en el vertedero y que no puede por menos que llamar a la reflexión e impeler a las administraciones a cambiar de rumbo. Cada año más de 1.600 toneladas de ropa y otros residuos textiles –es una estimación a la baja– terminan enterrados en el Área de Gestión de Residuos de Milà, contribuyendo a la saturación de las finitas celdas de vertido en un contexto en el que además la normativa obliga a reducir drásticamente este último recurso para ‘librarse’ de los desechos.
Quizá más de 1.600 toneladas sea una cifra tan grande que cueste de entender. Es como si cada año bajo las colinas de Milà se depositara un barco pesquero o viarios aviones, por poner algunos ejemplos. La realidad es que, según estudios encargados por la Comisión Europea, anualmente cada ciudadano se deshace de 12 kilogramos de ropa. Informes de Moda-re, la empresa de gestión integral del textil de Cáritas España, eleva esa media a los 19 kilogramos. Tomando la parte inferior de esa horquilla y teniendo en cuenta que, según el Institut d’Estadística de Balears (Ibestat), en Menorca convive una media anual de 140.000 personas, la calculadora muestra un resultado de más de 1.600 toneladas.
370 toneladas en 2024
En el año 2024, el último cerrado, a través de los más de 50 contenedores que Càritas Menorca tiene en la vía pública y de las deixalleries, el balance de recogida para su reaprovechamiento es de poco más de 370 toneladas. Conclusión: cerca del 80 por ciento del material textil que se desecha en la Isla termina en el vertedero, un porcentaje estimativo muy optimista ya que a nivel nacional los expertos en el sector lo elevan hasta el 88 por ciento.
Son aproximaciones al fenómeno porque lo cierto es que la ropa que llega a Milà a través de los contenedores de la basura mezclada o que son recogidos de la calle por los servicios de limpieza se entierran indiscriminadamente, sin determinar su peso y volumen, magnitudes que en cualquier caso el director insular de Medio Ambiente del Consell, Mateu Aínsa, ve «excesivas, mucho más de lo que nos gustaría».
También los legisladores, desde la Unión Europea y desde el Gobierno, llevan años trabajando para ponerle freno a este problema que el apogeo del fenómeno de la llamada fast fashion (moda rápida) está alimentando. Las directrices europeas y las transposiciones a la legislación nacional meten prisa. El primer efecto es que ya desde el 1 de enero de 2025 todos los municipios tenían que haber sacado a licitación (oficializado mediante un contrato público) la recogida separada de ropa, que en la Isla desde hace más de una década lleva prestando Càritas por la vía de convenios con los ayuntamientos y empresas privadas.
Nuevo reglamento
Casi ninguno ha cumplido en España y tampoco en Menorca, donde, no obstante, la junta de gobierno del Consorcio de Residuos y Energía, que los agrupa a todos, ha votado esta semana la aprobación de un nuevo reglamento de recogida selectiva para incluir el textil como obliga la normativa y lleva tiempo trabajando para sacar a licitación en breve el novedoso contrato para oficializar el servicio. Este irá acompañado de una campaña de concienciación sobre la importancia de no tirar la ropa a la basura común –por así llamarla–, sino a los contenedores de la vía pública, sin menoscabo de que la mejor vía para reducir los residuos es no generarlos, siendo responsables con el consumo.
Las tendencias no ayudan. Se estima que la ropa low cost, cada vez más en boga por el boom del comercio electrónico de textil, se usa una media de solo siete veces antes de tirarla. Ni tan siquiera otras tendencias de reutilización como la venta electrónica de segunda mano están evitando que esté creciendo muy rápido la cantidad de ropa que compramos y, en consecuencia, que tiramos. De nuevo faltan datos a nivel menorquín, pero puede servir de referencia que el peso de la ropa recogida por Càritas Menorca se haya disparado un 63,6 por ciento en los últimos diez años. También habrán contribuido al repunte el mayor del servicio y su ampliación.
Pero las nuevas normativas no se limitan a obligar a recoger la ropa de forma separada. El pasado septiembre se adoptó definitivamente una nueva directiva europea que responsabiliza a productores, marcas, importadores y distribuidores con la idea de fuerza de que el que pone el producto en el mercado debe cubrir los costes de recogida, clasificación, reutilización y reciclaje. Además penaliza a aquellos que trabajan con materiales baratos y más difíciles de reciclar.
Hay que ver como la mierda inunda nuestras calles gracias a unos politicos inutiles e insensibles hacia su pueblo... Si es que no sirven ni para ordenar un parking