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Salinización y nitratos en Menorca: ante los grandes males, obras millonarias

Maó aún debe arrancar sus desnitrificadoras y Ciutadella necesita consumir más agua desalada

Primer plano de las grandes tuberías en el interior de la desaladora de Ciutadella, que puede producir 10.000 metros cúbicos al día | Foto: Archivo

| Menorca |

Mantener el ciclo integral del agua, desde la extracción y abastecimiento a la población en condiciones de potabilidad, hasta la depuración y salubridad para retornarla a la naturaleza o reutilizarla –riego de zonas verdes, regadío en la agricultura, o limpieza urbana–, requiere unas inversiones millonarias. No solo para construir nuevos equipamientos sino también para mantener y modernizar aquellos que van envejeciendo.

En Llevant ha pasado más de un año desde que estalló la crisis del agua por el exceso de nitratos y el mal funcionamiento de la planta desnitrificadora de Malbúger, que al cierre de esta publicación sigue pendiente de entrar en funcionamiento tras su reparación. Durante este tiempo cerca de 7.300 hogares de la ciudad, que dependen de esta red, no han podido contar con agua apta para el consumo humano.

El Ayuntamiento prevé que tanto la desnitrificadora de Malbúger como la nueva de Sant Climent –en esta última también se detectó un exceso de cloro y contaminación en los fangos–, estén en marcha a finales de este año. Entre tanto se han sucedido las críticas políticas, a izquierda y derecha del PSOE, por la gestión del problema con la desnitrificadora de Malbúger. La concesonaria, por su parte, alega contra las sanciones impuestas por Salud Pública y el Ayuntamiento; a este último le responde que la empresa no es responsable de la calidad química del agua.

Desperdicio

Menorca se acerca a los máximos históricos de extracción de agua, su escasez es uno de los problemas graves que afronta, pero las fugas en las canalizaciones, pese a las mejoras realizadas, todavía suponen un desperdicio inasumible: en torno a 2,5 millones de toneladas de agua es el último dato de que se dispone, y son los pueblos del poniente insular los que lideran el ránking de pérdidas de agua potable. Es Migjorn Gran, Ferreries y Ciutadella son los municipios que más volumen desperdician.

Es Migjorn ha aprobado su plan de gestión sostenible del agua, que incluye acciones específicas para reducir su 52,10 por ciento de pérdidas de agua en la red, además de implantar contadores inteligentes gracias a un proyecto financiado con el Impuesto de Turismo Sostenible. Por volumen, sin embargo, con un 24,90 por ciento de pérdidas, es Ciutadella el municipio que más agua pierde, 1.170 millones de litros.

La ciudad de ponent también cuenta ya con su plan de gestión sostenible del agua, necesario para desatascar el Plan General y el futuro crecimiento del municipio. Dicho plan contempla duplicar el consumo de agua desalada para reducir la extracción de pozos en un 45 por ciento y cerrar otros 24 ilegales o contaminados por un exceso de nitratos y cloruros. Para poner en marcha esa medida la Conselleria del Mar y del Ciclo del Agua debe construir la conexión de la desaladora –la gran asignatura pendiente–, con el depósito municipal de Es Caragolí.

Beber y utilizar en los hogares el agua desalada –hasta un 57 por ciento en el caso de Ciutadella–, se plantea como la opción para dejar descansar los pozos y que los acuíferos se recuperen. La Agencia Balear del Agua ha dado este año el primer paso para redactar los proyectos de la gran desaladora de Llevant, cuya ubicación aún no está decidida. Deberá suministrar agua a Maó, Sant Lluís y Es Castell y podrá tratar 15.000 toneladas de agua al día, superando a la de Ciutadella, cuya capacidad es de diez mil.

El apunte

Subir el recibo, inevitable pero muy impopular

La directiva marco europea del agua fija el objetivo de cubrir la totalidad de los costes del servicio con los cánones y tasas que pagan los consumidores. Menorca está lejos de cumplir ese mandato de la UE. Los ingresos vía recibos cubren el 61 por ciento de los costes totales que soportan las distintas administraciones públicas implicadas en la dotación, explotación y mantenimiento de las infraestructuras hídricas. La revisión de esas tarifas parece inevitable pero los ayuntamientos se resisten, sobre todo porque las subidas, de cara al contribuyente, no estarían justificadas en muchos casos con la calidad del agua y el servicio que reciben.

1 comentario

user Torniquete | Hace un mes

Gracias Fela

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