Rocío nació en Huánuco, región de Perú que abandonó para instalarse directamente en Menorca, porque aquí tenía un hermano «fue el primero que emigró». Llegó con 20 años y hace otros 26 que reside en España, pero sus comienzos fueron duros, estuvo en situación irregular durante cuatro años. Con estudios de Secundaria, «echaba horas en hostelería, en cocina, y en limpieza de casas, en lo que salía», explica. Todo en economía sumergida.
Su marido llegó antes y un año y medio después, viajó Rocío desde Perú, pero no por reagrupación familiar, él también estaba en situación irregular. Atrás quedó su primer hijo, que pudo traer cuando tenía 8 años, ahora ha cumplido 28 y es el mayor de los tres que tiene la pareja.
Al principio su hermano los acogió pero luego tuvieron que buscar su propio alojamiento. «Vivíamos en un trastero en Addaia, pero al cabo de unos meses logramos alquilar un piso gracias a la ayuda de amigos españoles», narra, recordando sus comienzos en la Isla, «tocamos muchas puertas». Después «compramos un coche muy viejito» y Càritas les ayudó para tramitar la autorización de residencia y lograr «los papeles» que les abrían la posibilidad de un contrato de trabajo. «La vida se nos arregló» al poder trabajar de manera legal. Hasta el punto de que pudieron hipotecarse y comprar un piso en Maó que tuvieron que vender debido a la crisis de 2008. No obstante, levantaron cabeza otra vez y ahora residen en una planta baja de su propiedad en Maó.
Dos hermanas de Rocío siguieron sus pasos y se casaron con españoles «ahora ya tenemos mezcla y familia aquí», la posibilidad de volver a Perú ni se la plantea. A la pregunta de por qué abandono su país responde «porque allí la situación económica era muy mala, no había manera de levantarse de tener un futuro, y también por la inseguridad».
El «sufrimiento» de todo este trayecto vital le llevó a asesorar a otras personas migrantes, aunque sea ayudándoles a rellenar el papeleo, y con ese bagaje Rocío opina sobre la regularización extraordinaria: «Creo que lo primero que tendría que hacer el Gobierno es buscar viviendas, porque conozco aquí en Menorca gente con niños que viven en una habitación, cuatro o cinco personas, pagando 600 euros, y otros que duermen en la Esplanada». También considera que sería mejor llegar con un trabajo, «que vengan sabiendo que van a trabajar, que esa regularización sea buena, que aporte, yo vine a trabajar y me ha costado, no vamos a abusar del país que nos cobija».
Que regularicen a personas que se lo han ganado. No al primero que llegue en patera con su smartphone. Los menores no acompañados? Que será de ellos?