Menorca arranca la temporada 2026 con una oferta legal de plazas turísticas de 81.261, la cifra más baja desde 2021. Cuando acaban de cumplirse cuatro años –la vigencia inicialmente prevista– de la aprobación por parte del Govern del Pacte de la moratoria de licencias, el balance revela una pérdida de más de 2.800 camas desde que la Isla alcanzara su punto álgido de capacidad de alojamiento. No solo se ha contenido el acusado crecimiento de la década anterior, sino que –sobre todo en los últimos años, en los que el gobierno del PP no ha levantado la suspensión como prometió– se ha empezado a revertir la tendencia. Esta conclusión reclama, no obstante, algunos matices.
Con posterioridad a la entrada en vigor de la moratoria, se registró una previsible inercia hacia el aumento del número de plazas. La causa, la llegada al mercado en pleno periodo de suspensión de una nueva oferta de establecimientos y viviendas turísticas que se habían empezado a tramitar antes de la aprobación de la medida. La capacidad de alojamiento creció hasta alcanzar su récord histórico en 2023 cuando, según el registro anual del departamento de Ordenación Territorial y Turística del Consell, se superó por primera vez la barrera de las 84.000 plazas. Desde entonces ya van tres años consecutivos en que la cifra ha ido descendiendo, hasta caer por debajo de los valores marcados a las puertas de la moratoria.
Esta tendencia al descenso de la oferta reglada en los últimos años se ha acelerado especialmente en el último, cuando –entre diciembre de 2024 y marzo de 2026– se han eliminado de los registros 2.540 plazas. A este descenso ha contribuido especialmente una potestad legal aprobada por el Govern de Prohens en diciembre de 2024 que faculta al Consell a dar de baja de oficio licencias turísticas que llevan tres años inactivas, un supuesto que en la práctica solo se da en viviendas que obtuvieron en su día una licencia que no se utiliza, ya sea por desconocimiento de los compradores o por falta de interés de sus propietarios.
Por esta vía, el Consell anunció hace unas semanas que había retirado de los núcleos urbanos casi 1.300 plazas en viviendas turísticas. Esta labor de depuración de licencias se había iniciado de hecho antes de que el Govern aprobase la posibilidad de devolver las plazas dadas de baja al mercado con la creación de una bolsa a la que los interesados pueden acudir para comprarlas (2.500 euros por plaza). En cumplimiento de la zonificación del alquiler turístico consolidada en el Plan Territorial Insular (PTI) de 2023, estas nuevas plazas ya solo se pueden otorgar en las zonas turísticas y los pocos núcleos tradicionales exceptuados por la norma, como Fornells, Es Grau o Sa Mesquida, por citar algunos ejemplos.
El matiz es importante porque, en rigor, 867 plazas, las que se dieron de baja después de la aprobación del Decreto-Ley 4/2025, estaban inactivas y han vuelto al mercado, ampliando de facto la oferta, si bien reubicada fuera de los cascos urbanos, donde se considera que pueden restar opciones de alojamiento estable para los residentes. Otro casi medio millar de plazas fueron dadas de baja definitivamente porque se sacaron de los registros antes de que la ley permitiese su recuperación por la vía de la bolsa gestionada por el Consell.
El balance de plazas turísticas que han pasado a formar parte de la bolsa del Consell insular es a finales del mes de febrero (se abrió en julio de 2025) de 668. A un precio de venta de 2.500 euros por plaza generan una previsión de ingresos de casi 1,7 millones de euros, de los que 930.000 ya han sido facturados.
En cualquier caso, el efecto más evidente de esta especie de purga de licencias ha sido, en términos estadísticos, el de maquillar, por así decirlo, el crecimiento que se ha registrado durante la moratoria por el mencionado efecto de la inercia de las licencias en tramitación y de las declaraciones responsables de inicio de actividad ya presentadas. En el balance de esos cuatro años la nueva oferta no ha hecho aumentar la capacidad de alojamiento. La tendencia no ha sido al crecimiento, ni a la estabilidad, sino al leve decrecimiento.
Más establecimientos
Hay que subrayar que en estos cuatro años han aflorado, según se refleja en el registro oficial del Consell, 13 nuevos establecimientos del llamado turismo interior (pequeños hoteles de ciudad tipo boutique) y seis agroturismos en sendos llocs que se han pasado a la actividad turística. Todavía están en tramitación –aunque no está claro que puedan prosperar– otros agroturismos que iniciaron su tramitación antes de 2022.
Por otro lado, 53 nuevas viviendas turísticas se han incorporado al mercado con un balance global en la actualidad de 29.263 plazas, un número que curiosamente todavía es superior al registrado en marzo de 2022, en los albores de la moratoria. En estos momentos la base de datos actualizada del Consell revela que hay 28.969 plazas en hoteles, 916 en agroturismos, 1.009 en hoteles de interior y 19.034 en apartamentos, sin contar aquí otro tipo de oferta como la de campings, fondas hoteles rurales, hostales y casas de huéspedes.
Una buena noticia, la isla no soporta tanta presión turística, sólo hay que ver como están los acuiferos, y eso que ha llovido mucho.