El juego de palabras no va muy desencaminado. De un tiempo a esta parte (meteorológico) cualquier aviso de la Aemet genera un desasosiego entre distintas capas de la sociedad, atentas a cuestiones tan diversas como la suerte de las prendas prendidas del tendedero, la brasa de la barbacoa del sábado o la integridad física de los torrentes, no vaya a ser que queden sobrepasados y con ellos todos los demás. Ayer circulaban advertencias del tipo«esto puede ser como lo de agosto del año pasado».
No, señora vecina. Lo peculiar de estos episodios meteorológicos potencialmente peligrosos es que no hay dos iguales. Ahora vienen por aquí y de esta manera, después vendrán por allá de aquella otra. Prudente no es lo mismo que miedoso. Prevenir no es lo mismo que atormentarse cuando las nubes se enfurecen en gris oscuro.