Irán vive horas críticas con protestas masivas contra el Gobierno y el régimen de los Ayatolás. Ya se apuntan más de 500 fallecidos en las manifestaciones y cerca de 10.000 detenidos por la poderosa policía secreta persa. El origen de las críticas ha sido la subida de los precios, la altísima inflación y el tasa disparada de paro, pero la situación se ha convertido en un pulso directo y sin precedentes al poder religioso que dirige el país con mano de hierro desde la Revolución de Jomeini, cuando en 1979 derrocó a la monarquía del sha Reza Pahlavi. Desde entonces, la República Islámica mantiene un choque ideológico y militar con Israel y Estados Unidos.
Hace unos meses, bombarderos pesados de EEUU destruyeron las instalaciones nucleares del régimen iraní. El president Trump advierte que si las autoridades de Teherán llevan a cabo un baño de sangre y disparan contras las multitudes, Estados Unidos intervendrá en favor de la población civil. Irán replica que contestará con sus misiles de largo alcance. El príncipe heredero de Irán, Reza Ciro Pahlavi, exiliado en Estados Unidos, pide a los ciudadanos de su país que continúen la lucha contra el régimen y se vuelve a postular para regresar y restaurar la monarquía, como heredero al trono de Persia. Irán, pues, es un polvorín a punto de estallar.