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Vía libre

Al médico, en persona

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No conozco todavía a nadie a quien le guste hablar con una máquina. Nos hemos resignado a marcar dígitos y escuchar respuestas enlatadas para realizar innumerables gestiones pero no hay nada más exasperante. Imagino la impotencia y desesperación de todos aquellos que se han visto durante estos largos meses de crisis por la pandemia sin cobrar un euro del Servicio Público de Empleo, viendo como la pantalla del ordenador reproducía sin piedad el mensaje más repetido en estos días, «lo sentimos, en este momento no podemos atenderte».

Así está sucediendo con numerosos servicios públicos, acumulan retrasos y solo hallamos muros telefónicos o virtuales, pero que esto llegue también a la atención sanitaria más básica, la del médico de familia, ese que te conoce y sabe de tus achaques, las pequeñas miserias de tu cuerpo y mente, por ahí es difícil pasar. Cómo atender por teléfono tu contractura, infección o ansiedad. Son muchos los pacientes que se rebelan, necesitan el contacto personal, así como los propios profesionales, ese vínculo que se crea entre el médico y el enfermo es especial y necesario, no se puede romper.

La visita en la Atención Primaria debería volver a la presencialidad, no se entiende que se asuman determinados riesgos en algunas actividades y en otras se abuse de la cita previa o telefónica. Nadie discrepa de que la covid-19 obliga a extremar las precauciones para evitar contagios, pero tampoco puede ser causa de que otras dolencias se queden sin la atención adecuada que hasta ahora tenían; ni de que el trabajo médico se dificulte; ni es recomendable que se saturen las urgencias. No se puede ir por ese camino porque se pierde calidad asistencial.

De todos modos, la vía de la urgencia siempre lleva al mismo sitio: «si no nota mejoría acuda a su médico de cabecera», es la frase final de la obligada consulta exprés, «será si puedo», es la que piensas pero no verbalizas.

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