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Asseguts a sa vorera

Mentir mal, mentir bien

| Menorca |

Alo mejor te traumatizo, pero créeme, no es mi culpa. Ni los Reyes Magos ni Papá Noel lo ven todo. Si durante el año eres un poquito malo, no haces las tareas o trasteas un poco, ni sus majestades ni santa se suelen enterar. ¡Ojo! No te animo a que te transformes en una mala persona, a que te portes mal o a que mientas más que un presidente del gobierno, solo te tranquilizo porque definitivamente, tu comportamiento no está fiscalizado por ninguna autoridad divina ni mística. Bueno, quizá hacienda sí te controla, pero hacienda somos todos.

Ahora que se acerca la Navidad y que ya se ha desatado la locura con la tortura de esa canción que no para de taladrarte el cerebro y la vida y que parece que vomita una insoportable sobredosis de felicidad en unos tonos casi imposibles, los que no han sido buenos intentan camuflar las trampas con un buen rollo y una predisposición pensando, por si acaso, que el carbón se lo den a otro. Lo cierto, y lo sabes, es que si sumamos los actos buenos y los actos malos la balanza ya sabes hacia qué lado cae.

Ahora que lamentablemente somos menos niños y que, a priori, cuesta más engañarnos, nos importa mucho menos que los Reyes y que Papá Noel nos estén vigilando para saber si los regalos que nos tocarán serán más o menos buenos. Casi te diría que nos da igual engañar como que nos engañen.

Hemos llegado a este punto y la desidia y el pasotismo hacen que traguemos con todo lo que nos pasa alrededor sin preocuparnos de si los buenos o los malos actos a final de año se compensarán o no.
No hay ser muy avispado para darse cuenta de que cada vez sale más barato mentir o portarse mal porque ha ganado más importancia lograr lo que uno se propone sin importar las consecuencias que alcanzar una serie de hitos o de metas previas que nos llevan al mismo punto.

Papá Noel y los Reyes Magos han optado por desentenderse porque el mundo está mal. Peor de lo que nos gustaría, aunque mejor de lo que nos pensamos y la realidad es que no hay tanto pan para tanto chorizo ni tampoco hay tanto carbón para tanto cabrón.

A ver si en las próximas dos semanas recuperamos, ni que sea para el postureo de Instagram, un poco más de humanidad y un poco menos de individualidad. Que mintamos un poco menos o, quizás, no mintamos directamente. Aunque seamos el reno de Papá Noel o el presidente del Gobierno.

dgelabertpetrus@gmail.com

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