Desde que el jueves pasado quedó visto para sentencia el estruendoso caso del fiscal general, que es a la vez lo nunca visto, y mientras el Tribunal Supremo procede a deliberar por tiempo indefinido (con mucha dureza, aseguran los informadores), no hemos dejado de recibir noticias, comentarios y pronósticos acerca de este inverosímil cataclismo jurídico, que en lugar de menguar se recrudece y se eterniza. La mayoría de comentarios insisten, con ligeras variantes según procedencia política, en que sea cual sea la sentencia, el caos que montó la señora Ayuso, presidenta de Madrid, denunciando que los poderes del Estado, y en su nombre el fiscal general, atacaban a su novio para atacarla a ella, ya no tiene remedio, y aquí no quedará títere con cabeza. Las instituciones, los jueces, los fiscales, los abogados, el Estado de derecho, la UCO… Hasta los periodistas están quedando fatal, tanto los que en sede judicial proclamaron la inocencia del fiscal acusado, y cuya declaración no fue tenida en cuenta precisamente porque son periodistas, como los muy numerosos de la prensa madrileña que durante año y medio no han dejado de insistir en su culpabilidad. Culpabilidad doblemente criminal, ya que obedece órdenes del presidente del Gobierno. Y que seguirán haciéndolo sea cual sea la sentencia.
Un panorama aterrador, se delibera como se delibere. El antecedente de que la BBC, esa catedral del periodismo, ha tenido que disculparse con el presidente de Estados Unidos por unos defectos de forma informativos que insinuaban que quiso alterar el resultado de unas elecciones y protagonizó el asalto del Capitolio, verdades indiscutibles que todo el mundo vio por televisión, sitúan nuestro desastre jurídico en un contexto global más pavoroso todavía. Mucho van a tener que deliberar esos jueces del Supremo. Por otra parte, y puesto que el daño institucional ya está hecho y lo nunca visto está visto para sentencia, lo digo para rebajar la ansiedad, ya nada peor nos puede pasar. Si condenan al fiscal general, el PP estará contento por la pieza cobrada, pieza mayor, y si no, harán como cuando la Justicia europea avaló la ley de amnistía. No darse por enterados y seguir igual. Yo recomendaría tomarse un respiro mientras deliberan. En casos extremos, se agradece un leve respiro.